Entre los poetas míos… Marcos Ana


Tomado de Biblioteca Omegalfa

http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros%2Fcuaderno-de-poesia-critica-n-19-marcos-ana.pdf

Entre los poetas míos…
Marcos Ana
(20-I-1920)

I N D I C E

Pág./ Título

3 Semblanza
5 Alma, no llores
6 Autobiografía
7 Diccionario de los presos
8 Elegía al Doctor Bartrina
9 De río a río
10 Hogar ibérico
11 ¿La vida?
13 Elegía a Luciano Parrondo
15 Hasta las piedras
16 Imaginaria
18 La noche es mi refugio
19 Me duelen estos seres
20 Mi casa y mi corazón
21 Mi corazón es patio
24 Mi pecado es terrible
25 Mi vida
26 Norma
27 Ocaso grana
28 Pequeña carta al mundo
30 Prisión central
31 Proclama de abril
32 Romance
33 Te llamo desde un muro
34 Voy soñando
36 Yo denuncio
37 Bibliografía
37 Otra información complementaria

________________3________________________

Marcos Ana
(20-I-1920)

Fernando Macarro Castillo, verdadero nombre de Marcos Ana, es un poeta español nacido el 20 de enero de 1920 en Ventosa del Río Almar, una pequeña aldea de Salamanca. Hijo de Marcos y Ana (de aquí su pseudónimo literario), su infancia transcurrió en el seno de una familia pobre de jornaleros del campo. Asiste poco tiempo a la escuela, donde sólo aprendió a leer y escribir. Pronto hubo de ayu-dar a su familia en las faenas agrícolas, tarea que compaginó con la venta ambulante de pequeños artículos campesinos, ayudado de un carrito de mano para el transporte.
Vinculado en su juventud a diversas instituciones católicas, su com-promiso político-moral dio un giro al ingresar en las Juventudes Socialistas Unificadas.
En 1936 estalla la sublevación franquista. Marcos Ana, cumplidos sus quince años de edad, se va voluntario al frente. Allí conoció a Rafael Alberti y María Teresa León, encuentro que supuso para él un hecho decisivo en su vida literaria posterior. Por este tiempo ingresa en el Partido Comunista.
Finalizada la contienda, en 1939, fue detenido, junto a millares de demócratas, y condenado a muerte. Permaneció encarcelado duran-te 23 años ininterrumpidos: toda su juventud y la mitad de su vida. En esa Universidad dolorosa escribió los poemas que traspasaron
las cárceles y llevaron su nombre a través del mundo, contribuyen-do a desencadenar una campaña de solidaridad en su favor.
Fue uno de los primeros presos políticos españoles defendidos por Amnistía Internacional. Al ser liberado en 1961, Marcos Ana recorrió Europa y gran parte de América, siendo recibido en Parlamentos, Universidades y centenares de concentraciones populares, promo-viendo y organizando la solidaridad con los presos políticos y sus familias y denunciando las prácticas fascistas que, por entonces, se realizaban en España.
Fundó y dirigió en París, hasta el final de la dictadura franquista, el Centro de Información y solidaridad con España (CISE), que presi-dió Picasso. Apoyado por personalidades de la cultura y la política europeas, este Centro organizó la defensa de los derechos huma-nos, la acción por la Amnistía general y la ayuda moral y material a todas las víctimas de la represión política.
Tras la muerte de Franco regresó a España en 1976, continuando en la legalidad sus actividades como miembro del Partido Comunista.
Su poesía ha sido calificada de “poesía de trinchera”, caracterizán-dose por la “fuerza de la convicción, la sentida sinceridad poética, la angustia, el miedo del hombre en el presidio”.
En 2007 publicó un libro de memorias “Decidme cómo es un árbol”, prologado por José Saramago, que ha sido traducido a otras len-guas.
En 2009 fue propuesto como candidato al Premio Príncipe de Astu-rias de la Concordia. También a finales de dicho año, el Gobierno de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.
En enero de 2010 Marcos Ana fue el primer galardonado con el Premio René Cassin de Derechos Humanos, otorgado por el Go-bierno Vasco.
En abril de 2011, el Consejo de Ministros de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
Para más información sobre este autor, en las páginas finales de este Cuadernillo puede examinarse una relación bibliográfica, así como varias direcciones de Internet.

– 5 –

Alma, no llores

Y no basta decir: “alma, no llores”,
si ves a un corazón que va dejando
la vida entre furiosos desgarrones.
Hay lágrimas que tienen estatura
de estrellas indomables
y es de acero o de roble su ternura.
(En: Te llamo desde un muro)-

– 6 –

Autobiografía

Mi pecado es terrible:
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde la infancia
y a muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra ni venganza
recorriendo por mis venas.
¡España! sólo es el grito
de mi dolor que sueña.

(En: Las soledades del muro)

– 7 –

Diccionario del preso

Breve es el diccionario de los presos.
Tiene palabras frías como espadas:
Recuento.
Muros, cerrojos. El patio.
Celda. Sancionado. Muertos
en cruz.
El Tribunal. La condena.
Losas de piedra. Cemento.
Y el “alerta” que deshace
la estructura del silencio.
Breve es el diccionario de los presos.
Tiene palabras que arden en los labios,
arrancadas del pecho:
Solidaridad. Amor.
Libertad. Patria. Aliento.
Creación. Luz. Futuro para todos.
Hijos. Mujer. Compañeros.
El mundo. La humanidad. La paz.
Una bandera, una patria, un pueblo.
La amnistía, el mar y el viento
para el preso.
Con estas pocas palabras
sueñan o sufren los presos.
Unas las afila el odio,
otras las construye el pueblo.
Fuente: El Ojo de I Muhagh

– 8 –

Elegía al Doctor Bartrina

Así, tan crudamente le arrancaron,
como a un árbol, la vida.
No caía hoja a hoja su sangre. La estrujaron.
Retorcieron con rabia su agonía.
Mas ni un solo latido le doblaron.
Su hermoso corazón se destruía
recto y puro en la muerte. Le mataron.
Pero quedó su Luz. Su rebeldía.
Mis costados son hoy tierra de fosa;
mis latidos la cavan como azadas
y oliendo van madera resinosa.
Con las sienes de heridas agolpadas
una bandera en su perfil reposa:
¡José Bartrina ha muerto, camaradas!
(En: Te llamo desde un muro).

– 9 –

De río a río

Arlanzón, díselo al Sena.
Dile que en la Noche escuchas
mi soledad, mis cadenas.
Háblale de mis hermanos,
vivos en tumbas de piedra.
Dile que escriba en los puentes
de su libertad mi pena.
Que su corazón me lleve.
Que su corriente me extienda.
Que en cada hoja del agua
el pueblo francés me lea.
Arlanzón,
díselo al Sena.
(En: Te llamo desde un muro).

– 10 –

Hogar Ibérico

España es una inmensa prisión
sembrada de penales y prisiones;
España es cual un solo corazón
que une en su latir a muchos corazones;
y esta unión resuelta y abnegada
es el arma potente y triunfadora
que impondrá la AMNISTÍA deseada
con su lucha viril y arrolladora.
¡Basta ya! Ha llegado el día
de que nuestra voz recorra el mundo
reclamando con ardor profundo
para nuestros presos la AMNISTÍA.
(En: Las soledades del muro)

– 11 –

¿La vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río,
cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.
Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.
Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.
¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?
¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una sepultura
y la canción de mis losas?
Veintidós años… ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma…
Escribo a tientas: “el mar”, “el campo”…
Digo “bosque” y he perdido
la geometría de un árbol.
Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.
(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).
(De: En las soledades del muro)

– 13 –

Elegía a Luciano Parrondo

(Que murió en la prisión de Burgos
a los veinte años de cautiverio)

Parrondo, amigo mío:
hace ya 20 años que te vi y te recuerdo
cantando sobre el filo de la muerte que huía.
Éramos arroyuelos, con el alma desnuda,
creciendo, en avenida.
No pesaban los muros:
hacia la mar seguían tu corazón y el mío,
ensanchando riberas,
con un alba en los ojos,
dejando a nuestro paso banderas y alegrías.
¡Qué juventud la tuya!
En tu cuerpo aterido por la muerte se mira
mi juventud perdida,
granada frente a todo…
Ay, Amigo:
mi corazón resiste; tu bandera ya es mía;
empaparé mis manos con tu sangre callada
y marcaré los astros con tu muerte y mi vida.
A veces creo que el mundo
tiene perdida el alma.
¿No escucha este cuchillo
que indiferente mina
nuestra espalda y nos hunde su filo hasta la muerte?
Mi corazón se obceca,
resiste todavía:
mas cuelga de su puerta tu ruiseñor callado
y vierte un llanto rojo donde tu luz se enfría.
¿Por qué no para el mundo este reloj sangriento?
¿No oye sus campanadas donde los hombres gritan?
Mi voz no puede alzarse,
le falta tu estatura.
No hay poeta que cante nuestra muerte infinita.
Hay hachazos tan duros que cortan la palabra.
En esta tierra nuestra ya todo se asesina.
Por el fuego sangrante de tu herida implacable
mi voz quema sus brazos
trepando hasta tus cimas.
Más no llega mi acento.
No hay lengua traspasada por el dolor que pueda
recompensar tu vida.
No hay voz para tu muerte
(quizá tu madre, acaso, llorando sea el poema,
que pide esta elegía).
Mas tu rostro insumiso
seguirá con nosotros.
Clamará en las campanas del corazón y un día
será tea en las cumbres del pensamiento indómito
muchacho azul, eterno laurel de la sonrisa.
No enterrarán tu nombre…
Arderá en mi palabra,
lo subiré a mis labios de la pena más viva,
escarbaré en el llanto
y hundido en sus raíces te subirá en sus hombros
mi voz al nuevo día.
(En: Te llamo desde un muro).

– 15 –

Hasta las piedras

La piedra silente llora;
el muro cerril, el hierro
de los cerrojos, las losas.
Las cadenas, ya gastadas,
sus eslabones deshojan.
Hasta el carcelero siente
un alma bajo su ropa.
(Pero hay un reloj terrible
que estanca sus negras horas
con odio y sangre en la esfera
sin alba de sus mazmorras).
La vida entera nos llama.
Vierten lágrimas las rocas.
Se abren las casas. Esperan
en los umbrales mil rosas.
¡Nuestro amor reclama el niño
con su voz de tiernas hojas!
La libertad va dejando
de voz en voz, clamorosa,
los resplandores de un grito
como una estrella en la boca.
(Pero hay un reloj terrible
–ciego Caín sin aurora–
que en su noche de odio y sangre
sigue estancando las horas.
Guadañas son sus agujas
en un cadalso de sombras).
(En: Te llamo desde un muro).

– 16 –

Imaginaria

Al pintor Miguel Vázquez.
Al que sorprendí una noche llorando en la cárcel de Burgos.

Oídme amigos. He visto
con los ojos soñolientos
algo que quiero contaros.
Es la madrugada. Un preso
enfrente de mí despierta.
Se incorpora sobre un codo.
Lía un cigarro. Se sienta.
Mientras fuma tiene ausente
la mirada, como dormida la frente
(Sueña el viento en la ventana)
Tira el cigarro. Se inclina.
Saca un pedazo de pan,
se lo come lentamente
y después… rompe a llorar.
(Quizás no tenga importancia…
Yo os lo cuento)
Ya sabéis que a mí las losas
me han gastado hasta los huesos
del corazón,
pero ver llorar a un hombre
es algo, siempre, tremendo.
Y este preso no es un árbol
que se ha roto. Sigue ileso.
Pero de pronto ha venido
todo lo “suyo” a su encuentro
en esta noche tranquila…
Con su dolor en mi pecho
le miro. No puede verme.
Sus ojos están muy lejos.
Sus ojos cerca, llorando
tan suave, tan hondamente
que apenas si mueve el aire
y el silencio.
Un “alerta” le estremece.
(Por el patio
se oye cruzar el relevo)

– 18 –

La noche es mi refugio

La noche es mi refugio. Siempre os hablo
cuando duermen los ojos y las llaves.
(…)
En el silencio escribo.
Al silencio le arranco sus hojas más vibrantes,
campanas que me aturden bajo el grito
de “alertas” implacables.
(…)
Escribo sin descanso
palabras verticales.
Prendo mi voz como un fuego en el monte,
y oigo sonar la sangre
del mundo
en mis umbrales.
Después, cuando amanezcan
los ojos y las llaves,
me guardaré la voz en un zapato
y aromarán las losas mi mensaje:
¡Pueblos del mundo, amigos!
¡Corazones cercanos o distantes,
llegad a mí,
poblad mis soledades!
(En: Las soledades del muro)

– 19 –

Me duelen estos seres

Me duelen estos seres.
Y me duele la muerte de esas gentes sencillas
que pasan por la vida sufriendo, elementales
atados a la noria, cual bestias amarillas,
sin despegar los labios, contentos y triunfales.
(En: Te llamo desde un muro).

– 20 –

Mi casa y mi corazón

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
abierta siempre a los hombres,
al sol y al aire.
Que entren la noche y el día.
Y la lluvia azul. La tarde.
El rojo pan de la aurora.
El campo: sus verdes mástiles.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales.
Ni la golondrina, el vuelo.
Ni el amor, sus labios. Nadie.
La casa y el corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire
En: Te llamo desde un muro).

– 21 –

Mi corazón es patio

A María Teresa León
La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.
Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.
Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)
A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.
Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.
“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…
Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)
Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.
¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!
Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).
Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.
Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)
(Del blog de Marcos Ana)

– 24 –

Mi pecado es terrible

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde mi infancia
y a muerte mi condena,
mis hojas van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra de “arcángel
vengador” en mis venas:
¡España! Es sólo el grito
de mi dolor que sueña…
(En Las soledades del muro)

– 25 –

Mi vida:

“Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio.
Y un trocito de cielo
por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas”.
(En: España a tres voces.)

– 26 –

Norma

Quiero que mis poemas tengan hueso
y estructura de piedras palpitantes;
verlos siempre de pie (torres errantes
de la vida y el hombre), por su peso.
Capaces de ser bala y de ser beso,
cantos de paz o puños resonantes;
azules como el rayo o verdeantes
como olivo maduro… Que su espeso
son a metal, colmena o bosque herido,
suba desde mi sangre, tensamente,
a otro labio desierto y perseguido.
¡Versos con alma y versos con simiente,
con atléticos hombros y un erguido
pueblo de corazones por su frente!
(En Te llamo desde un muro. Poemas de la prisión
México, Ediciones de “España Popular”,)

– 27 –

Ocaso grana

Quisiera conservar todas mis hojas,
sin esa desnudez fría en las ramas
del hielo y del invierno.
Ser viejo, un árbol viejo. Está Bien.
Pero ver todas mis hojas canas,
como el árbol que queda por la escarcha y la
luna cubierto de plata.
O cubierto en los oros
que el sol retiene con espaciosa calma
en las cimas azules de esas tardes de otoño,
un rescoldo de sueños, que en dormidos espejos
se mueren reclinadas.
Así mi atardecer quisiera…
No importa que la trama de mis huesos
transluzca sus pálidos encajes
si es mi corazón roja rama que canta
la alegría de todos.
Si en mi mano florece la callada
que cortaron mis hijos,
de un fresno encendido por las luces del Alba.
Si curando al viento mis banderas heridas,
voy caminante, río abajo, hacia la mar ancha,
por entre juncos albos y bajo lunas castas,
noble y tranquilo hasta la gran orilla
donde espera, entre hierbas, amarrada mi barca…
(En: Te llamo desde un muro).

– 28 –

Pequeña carta al mundo

Los dientes de una ballesta
me tienen clavado el vuelo.
Tengo el alma desgarrada
de tirar, pero no puedo
arrancarme estos cerrojos
que me atraviesan el pecho.
Siete mil doscientas veces
la luna cruzó mi cielo
y otras tantas, la dorada
libertad cruzó mi sueño.
El Sol me hace crecer flores,
¿para qué, si estéril veo
que entre los muros mi sangre
se me deshoja en silencio?
No sabéis lo que es un hombre,
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo;
de nieve, a mis camaradas
entre sus cadenas muertos…
recoged nuestras banderas,
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si no nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.
No sabéis lo que es un hombre
sangrando y roto, en un cepo.
Si lo supierais vendríais,
en las olas y en el viento,
desde todos los confines,
para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día
y encontráis frío mi cuerpo
buscad en las soledades
del muro mi testamento
al mundo le dejo todo,
lo que tengo y lo que siento,
lo que he sido entre los míos,
lo que soy, lo que sostengo:
una bandera sin llanto,
un amor, algunos versos…
y en las piedras lacerantes
de este patio gris, desierto,
mi grito, como una estatua
terrible y roja, en el centro.
(En: Te llamo desde un muro).

– 30 –

Prisión Central

Muros hirsutos. Ásperas cortezas
donde el hombre se duele cada día.
Apretada oquedad de llaga y fosa.
Socavón de Castilla. Lento espanto.
Catedral invertida hacia la tumba,
bajo una piel de piedra cancerosa.
Hay un árbol, aquí, pleno, enterrado,
de corazones vivos, que semejan
tréboles rojos en la luz borrosa:
muchas hojas, sin sangre, van cayendo;
mas su raíz fosfórica florece
una bandera abierta en cada losa.
Y en esta pena oscura donde habita
mi corazón en sombras, ya tan sólo
la luz de esa bandera es asombrosa
(En: Las soledades del muro)

– 31 –

Proclama de abril

En abril cuando las flores;
al sonar la primavera,
cuando amor pinta en los ojos
sus divinas acuarelas;
cuando la sangre en las ramas
de la juventud se elevan.
¡En la primavera amigos!
¡Es un símbolo la fecha!
Cuando todo hierve y vive,
España alzará sus fuerzas.
La dictadura del hielo
temblará en su gusanera,
cercada por los clarines
de cien mil rosas abiertas.
Que en abril cada palabra
hasta las piedras conmueva:
la Universidad y el campo,
la fábrica y las iglesias,
los niños y las mujeres,
la oración y la herramienta,
cada mano y cada verso
levanten la primera letra
del amor y la amnistía
contra cerrojos y puertas.
(En: Te llamo desde un muro).

– 32 –

Romance

¡Qué duro es morir clavados
en un muro de agonía;
(…)
¡Que salga el preso, que beba
la luz y el aire su herida;
(…)
que al salir lea en las torres
la palabra siempre viva
de su libertad grabada,
y en los árboles escrita;
que los montes, que los ríos,
que toda esta geografía
de tierra indomable sea
una pancarta extendida,
una sola voz gritando
sobre la mar: amnistía!
¡Las puertas de par en par!
¡Los presos fuera: a la vida!
¡Que les devuelvan sus alas
que las sombras asesinan!
¡Basta de cadenas, basta!
¡Que España entera lo diga!
¡Contra los muros, los “vientos
del pueblo” por la amnistía
(En: España a tres voces):

– 33 –

Te llamo desde un muro

Oye, hermano, te llamo desde un muro;
clavado entre unas piedras
donde las sombras hacen su nidada.
Hablo desde la pena.
Entre los huesos mismos del dolor te llamo.
Mi voz, como esas hierbas
que en la ranura de una roca crecen,
se ha mantenido pura!
no escupió a su bandera,
ni doblegó sus hombros,
ni ha mentido canciones,
ni se pasó al oscuro.
Veinte veces cruzó la primavera,
y mis alas a un cepo atrapadas,
y el ardor de mi sangre entre cadenas.
¡ Pero hoy mi voz -sin llanto- te reclama!
mi lengua es una herida que flamea,
como un pájaro ardiendo en tu ventana.
Ni un día más, amigo.No consientas
este tropel de muros obcecados;
tanta luz sin salida, tanta puerta
cerrada ante mis ojos.
Mi corazón te espera,
aguarda tu palabra y en los muros,
como un río apresado, se golpea

(En: Te llamo desde un muro)

– 34 –

Voy soñando

Soñar; siempre soñar,
con banderas y besos;
la libertad y el aire
soplando en mi cabello.
Campo y aire sin fin
–oh luz–, sin otro cerco
que el amor de unos brazos
enlazando mi cuello.
Soñar; siempre soñar,
con los ojos sin sueño,
que soy un hombre vivo…
siendo tan solo un preso.
Hay árboles y un río
fijos en mi recuerdo;
una infancia salvaje,
un dulce amor ingenuo,
y dos nombres grabados
en el chopo más viejo.
(El cielo aquella tarde
era como un espejo.
El choperal tendía,
para el amor, senderos.
Todo era luz. La gloria
de mayo iba en mi pecho.
Un vilano de plata
se enredó en sus cabellos,
acudí tembloroso
y con mis dedos trémulos.
Sus ojos me invadieron
de aroma y sol.

El viento,
inmóvil, nos miraba:
fue aquél mi primer beso).
Soñar, siempre soñar
que vuelvo a todo aquello,
lo que dejé y ya nunca
encontraré al regreso.

(En: Te llamo desde un muro).

– 36 –

Yo denuncio

Yo no pido clemencia. Yo no pido
con un hilo de voz descolorida
perdón para la vida que me deben.
Odio la voz delgada que se postra
y el corazón que llora de rodillas
y esas frentes vertidas en el polvo,
hecha añicos la luz del pensamiento.
Yo no pido clemencia.Yo no junto
las manos temblorosas en un ruego.
Arden voces de orgullo en mi palabra
cuando exigen -sin llanto- que las puertas
de la venganza oscura se derriben
y a los hombres descuelguen de sus cruces.
Yo no pido clemencia. Yo denuncio
al dictador cadáver que gobierna
la vida de los hombres con un hacha
y ahora quiere dejar para escarmiento
mi cabeza cortada en una pica.
Yo no pido clemencia. Doy banderas.
Paso de mano el golpeado
corazón de mi pueblo prisionero.

(en Las soledades del muro).

– 37 –

Bibliografía

 Poemas desde la cárcel. Brasil, 1960.
 España a tres voces, Bueno Aires, 1961.
 Las soledades del muro, Akal. 1977.
 Decidme cómo es un árbol. Umbriel, 2007.
 Te llamo desde un muro. Edit. El perro y la rana, Caracas, 2008.
 Poemas, Prisión, Vida. Editorial Ubriel, 2011.
 Decidme cómo es un árbol, Editorial Umbriel, 2011

Otra información complementaria:

 Marcos Ana en Wikipedia
 Blog de Marcos Ana
 La placenta del Universo: Marcos Ana
 Marcos Ana, un poeta en el penal de Burgos
 La Página de los Cuentos

– 40 –
Entre los poetas míos… Marcos Ana
Cuaderno nº. 19 de Poesía Social
“Entre los poetas míos”
Marcos Ana
OMEGALFA
Marzo
2013
Ω

http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros%2Fcuaderno-de-poesia-critica-n-19-marcos-ana.pdf

Me agradaría que dejases un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s