Derechos e igualdad, igualdad de derechos.

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Se celebra hoy el Día Internacional contra la LGTBIfobia, por la igualdad de derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales cuando se cumplen 27 años del día en que la la Organización Mundial de Salud “desclasificó” la homosexualidad como una enfermedad mental.

Pero todos sabemos que todavía hay muchas personas que no lo admiten así e incluso los persiguen, acosan y maltratan  y muchas organizaciones que todavía la consideran como una enfermedad, sobre todo en círculos religiosos extremistas a nuestro alrededor, no lejanos, y hasta organizan tratamientos para curarla además de anatematizarla considerándola un pecado contra lo más sagrado, siendo públicas y notorias las manifestaciones en ese sentido de varios altos cargos de la Iglesia Católica.

Así que contribuyo con mi granito de arena para visibilizar con naturalidad a todas esas personas que son discriminadas y aun atacadas y perseguidas por sus orientaciones sexuales y estoy hablando de España, no de ningún país lejano o tercermundista (bueno eso habría que matizarlo), España que ha caído a la novena posición entre los paises europeos en cuanto a la situación de los derechos humanos de los colectivos LGTBI.

Hora es ya de que todos pongamos nuestra parte para que dejen de ser invisibles y todos seamos iguales en derechos y consideraciones, sin etiquetas ni distinción alguna por motivo de nuestra orientación y elección sexual.

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Es el amor… (Haikuecos)

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Es el amor

esa dulce bebida

que nos embriaga.

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Perdemos los sentidos

si nos embarga.

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Una adicción

que nadie quiere dejar

y sí aumentarla.

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Es grave enfermedad

pero nos sana.

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Un increíble paseo.

Al ver aquel bello paisaje

a media luz y en calma

comencé a recorrerlo

con suavidad primero

con gusto y fruicción después.

Incansable subí colinas

deleitándome en sus cimas.

Bajé al fondo del valle 

descendí al pozo seco

bebí en todas las fuentes

recorrí cada rincón

cada saliente y entrante.

Disfruté en el monte de la diosa

penetré en húmedas cavernas

de maravillosa esencia.

Sin experimentar cansancio

mis cinco sentidos alerta

vista, gusto, olfato, tacto

manos y demás miembros

disfrutaron como nunca

de la hermosa geografía 

de tu divina figura.

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Derecho a elegir con quién compartir almohada.

Comienza el fin de semana, tiempo de disfrutar la vida un poco más libres de la rutina diaria, de disfrutarla de forma más desenfadada o loca y es lo que os deseo a todas: que podáis hacerlo sin trabas de ningún tipo.

También el domingo día 8 dicen que es el día de la mujer trabajadora o simplemente el día de la mujer.

Pero no os voy a felicitar exactamente por eso sino que siguiendo mi máxima de hablar de y a personas, sin distinción de sexo, OS FELICITO A TODAS (PERSONAS) POR ESE DÍA DE LA IGUALDAD, sin distinciones por sexos ni tampoco por orientaciones sexuales.

Todas somos iguales en derechos, tanto a la vida como al trabajo en las mismas condiciones y cómo no, en derecho a elegir a quién amar, si en el amor es posible decidir, o con quién acostarse.

Es una aberración que en el siglo veintiuno se pongan impedimentos de ningún tipo a amar y relacionarse libremente entre personas, sean del sexo que sean; y no hablo de países extraños o intransigentes sino de nuestros países que llamamos modernos y civilizados.

No quiero extenderme, simplemente quería dar un empujoncito para conseguir esa igualdad, ese derecho a amar y tener sexo con quien cada una quiera.

Y como el mensaje es mejor con música, os dejo esta instructiva canción de Mago de Oz titulada “El que quiera entender que entienda.”

Os deseo un feliz fin de semana a todas con mi consejo acostumbrado:

¡¡Cuidaos, vivid la vida y procurad ser felices y disfrutar con quien queráis!!

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El que quiera entender que entienda

(Mago de Oz)

Cuánto he de esperar
para al fin poder hallar
la otra mitad de mí
que me acompañe a vivir
Nadé tiempo en un mar
de apariencia, y ahogué el amor
no se puede ocultar
el perfume de una flor
Cuánto me cuesta sobrevivir
cuánto sonreír
sin poder quitarme el antifaz
que me disfraza de normal
Y volveré a buscarte
allí hasta donde estés
tan sólo quiero amarte
y poder tener
alguien en que apoyarme
alguien en quien volcar
todo el amor que cercenó el qué dirán…
No más miedo a entregar
mis labios sin antes mirar
no más miedo a acariciar
nuestros cuerpos y soñar
A la mierda con
el armario y el diván
y si hay que luchar
luchar es educar
Que en asuntos del corazón
no hay regla de dos
que somos distintos, somos iguales
no más guetos, alza la voz
Y cuando llegue el final
el otoño de nuestro amor
yo te esperaré, mientras, vive
y lucha por tener
Derecho a elegir
con qué cabeza tu almohada compartir
orgulloso de ser quien eres
y no como deberías ser
Cuánto me cuesta sobrevivir
cuánto sonreír
sin poder quitarme el antifaz
que me disfraza de normal.

Protegido: QUEMADA …POR QUEMAR (Cuento erótico)

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SEXO, MENTIRAS Y YOUTUBE Los sueños húmedos son mojados

Las mujeres tienen menos de la mitad que los hombres.- Además, en el caso femenino rara vez producen lubricaciones u orgasmos en la vigilia

GABRIELA WIENER 02/08/2010

Casillas no me está follando, me está haciendo el amor. Tiene puesta su camiseta azul, la que llevaba cuando lo entrevistó Sara después de ganar la final. Me besa con fuerza y en el último minuto vence mi resistencia; nos revolcamos sobre una cama que es tan grande como un campo de fútbol. Nos miramos durante mucho rato, como dos simples enamorados en el banco de un parque. Iker intenta tapar mis pechos con cada una de sus manos. No lo logra porque son muy grandes. El guardameta me acaricia tiernamente hasta llegar al pubis. Siento caer sus lágrimas, se ha emocionado, a mí también me pasa eso de llorar de placer. Aprieto su cabeza contra mi cuerpo y me pongo, como en el poema que le dedicó la poeta cordobesa Elena Medel, Ikeriónida, esto es, como bendecida por un semi dios.

Siento un espasmo caliente y una nítida, violenta lubricación, que ahora envuelve mis zonas más íntimas y humedece por completo mi entrepierna. Abro los ojos. Pero qué pasa, ¡si éste es el techo de mi habitación! Maldita sea, ha sido sólo un sueño -debí suponerlo por la utilización de la palabra pubis y el tufillo general a literatura erótica (aclaración: en la pornografía un coño es un coño y en la sonrisa vertical, un jugoso melocotón en almíbar)-.

Admito que no he tenido demasiados sueños húmedos en mi vida. Según las estadísticas, las mujeres tenemos menos de la mitad de sueños de este tipo que los hombres. Esto no sé si habla bien o mal de nosotras, en cualquier caso, siendo absolutamente sincera, durante la mayor parte de mi vida he soñado despierta, he sido una sonámbula sexualmente activa, he dormido en una cama de agua o me han despertado para follar, pero pocas veces he copulado en la fase REM.

Según los especialistas, en un sueño erótico, hasta un sombrero de ala ancha que se inclina hacia un lado puede representar un pene para el subconsciente. De los sueños ya lo dijo todo Calderón -incluso algo sabemos de las pesadillas húmedas y de soñar con muertos, como dice esta señora en el minuto 3.10-, pero de los sueños eróticos, y sobre todo de los que tiene una mujer, hay todavía algunas zonas oscuras por descubrir. Y empiezo desde ya.

De vuelta a mi lecho, donde no está Casillas, me siento aún excitada, tanto que es un poco doloroso, doy vueltas sobre las sábanas, las imágenes de mi escarceo madridista -los sueños sexis, como se sabe, suelen tener el elemento de la trasgresión, lo digo porque yo soy del Barça-, todavía siguen fijas en mi imaginación y siento que estoy muy cerca del éxtasis, por eso me toco.

Me siento obligada a hacerlo porque mi mamá me enseñó desde muy pequeña que debía terminar las cosas que comienzo. Me dispongo a tocarme, no como una conejita de Playboy, sino de verdad. De pronto ocurre algo patéticamente freak: no estoy mojada.

Al principio, temo ser presa de un cuadro de menopausia precoz entre gallos y medianoche, pero pronto me doy cuenta de que ni siquiera estoy excitada, o sea, sí que tengo ganas, pero mi cuerpo no se ha enterado de nada.

Lo supe sólo después y gracias a Internet, que tampoco es del todo de fiar: mientras que los sueños eróticos de los tíos acaban con hermosas erecciones nocturnas y otras tantas poluciones, resulta que los sueños eróticos femeninos rara vez producen lubricaciones u orgasmos en la vigilia.

Rabiosa con mi biología, intento despertar a mi consorte, pero tengo un arrebato de compasión (los que dormimos juntos aprendemos a valorar un sueño profundo tanto como un polvo largo) y lo dejo en paz. Me aplico entonces en hacerlo con el hombre invisible o, lo que es lo mismo, pongo a trabajar a mi dedo corazón, que tiene que empezar de cero y con vehemencia. Entonces, cuando la cosa ya marcha, cuando parece que el sueño húmedo por fin va a hacerse realidad, justo ahí, como en una escena de Aquí no hay quién viva o algo por el estilo, escucho la voz de mi vecino con problemas respiratorios: “¡Pero qué pasa, joder, todo tiembla! ¿Seísmo?” No, sueño seco.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/suenos/humedos/mojados/elpepucul/20100802elpepucul_5/Tes