Pídoos perdón.

Humildemente pido perdón por mis, unas presuntas y otras confesas, faltas de ortografía en mi entrada anterior sobre el “Pobre de mí”, que amablemente y con presunta buena fe y sin atisbo de fatuidad ha tenido a bien destacar y corregir Don Félix Rebollo Sánchez.

No pondré excusas, como que hace ya cincuenta años que dejé mis estudios sin ningún título universitario o que dicha entrada la escribí a las tantas de la noche tras regresar de disfrutar de las fiestas de San Fermín; los lectores se merecen, os merecéis, una lectura amena y sin tropiezos de faltas de ortografía, y la obligación de quien publica es hacerlo lo mejor posible, revisando lo escrito para corregir esas faltas, así como el hortelano revisa para eliminar las malas hierbas que afean y dañan su bien cuidada huerta.

No discutiré las normas de ortografía pues soy bastante inculto en la materia, mucho menos ante quien tiene un inmenso currículo tanto formativo como docente, lleno de títulos, cursos y publicaciones, tan extenso que mientras lo hojeaba iba pensando que si por cada doctorado, título académico, máster, curso, cursillo, ponencia, charla, publicación, etc., tanto de su faceta formativa como de la docente, le concediesen una medalla, a duras penas podría dar un paso con todas ellas encima.

Sí que voy a hacer alguna observación de mi caso en particular: a pesar de que confieso que era un fallo habitual escribir los meses con mayúscula, en esta ocasión he de decir que, para mí, el Catorce de Julio no es una fecha cualquiera sino que en Pamplona tendría la categoría de único, de nombre propio y por tanto el derecho de vestirse con mayúsculas. En cuanto a los paréntesis, que alguien me corrija y me aclare si no es así, pienso que no es que sobren sino que no serían necesarios, pudiéndose sustituir por comas o guiones, aunque para mi gusto el paréntesis da más claridad al texto en muchas ocasiones.

Humildemente también, me permito hacer alguna observación a Don Félix sobre su comentario que reproduzco literalmente.

Ya que lo he leído me voy a permitir algunos aspectos que desdicen de tu gran prosa. Julio se escribe con minúscula, los paréntesis sobran,y después de los …, di pones minúscula hay que poner antes una ,
Si te molesta, perdona. Buen día. ¡Viva San Fermín!

Aunque supongo que todas las palabras están correctamente escritas y los signos de puntuación en su justo lugar, echo en falta un verbo tras permitir, como “comentar”,” corregir” o algún otro similar, pues no se trata de permitir aspectos sino de comentarlos o corregirlos. Pienso también que tras la coma después de “sobran” debería haber un espacio y por último donde dice “di pones” imagino que quiere decir “si pones”, error involuntario de pulsación.

Si debemos ser pulcros en toda publicación, pienso que todavía un poco más al corregir defectos en los demás. Aparte de todo esto, agradezco a Don Félix sus correcciones así como a cualquiera de vosotras que lo haga en cualquier momento y con buena voluntad. Todo es poco para mejorar nuestro lenguaje y corregir errores y faltas, generalmente involuntarias.

Para finalizar, aprovecho para desearos una feliz y liviana semana, laboral o vacacional según los casos, y reiterar mi consejo:

¡Cuidaos, vivid la vida intensamente y procurad ser muy felices!

 

Anuncios

Paseo por la lengua española.

Rememoro con frecuencia aquel paseo imborrable, aquella primera vez en que me invitaste a visitar una biblioteca, visita que repetimos una y otra vez; ¿recuerdas aquella primera vez?

Entramos agarrados de la mano, tu me ibas mostrando todos aquellos maravillosos lugares que yo observaba embobado, con nombres variopintos y distribuidos en espacios por similitudes: lengua y literatura, historia, filosofía, novelas de aventuras, de ciencia ficción, otros sobre religiones, etc. etc.

Pero, me dijiste, vamos a comenzar un paseo por un espacio muy especial que hará que entiendas mejor todos los demás y tras recorrer largos paseos exclamaste: ¡aquí está!  y tomándome de la mano me hiciste entrar en aquel extraño para mi pero maravilloso espacio en cuya entrada, con letras de oro se leía “Lengua castellana o española”.

Era como un inmenso jardín formado por floridas palabras, algunas ya conocidas, otras cuyo significado fui comprendiendo poco a poco con tu ayuda y asesoramiento. Yo no me atrevía casi a tocarlas pero tú dijiste que no había que temerlas, que para conocerlas había que tomarlas, manejarlas, jugar con ellas, entre ellas, en ellas.

Escogimos algunos verbos, sin ellos poco se puede hacer, dijiste, algunos de los más cercanos, abrazar, acariciar, amar, besar, de momento suficientes para comenzar a saborearlos, practicarlos, asumirlos como algo natural y propio.

Tras practicar un rato con los abrazos, acción de abrazar, pensamos que sería bueno añadir el segundo, besar, pero en ese momento se cruzó una conjunción disyuntiva, “o” que nos impedía disfrutar de ambas cosas a la vez, por lo que la hicimos rodar y la sustituimos por otra más bonita y comprensiva “y”, llamada copulativa.

Así pudimos practicar juntamente abrazar y besar, abrazos con besos, cosa que me encantaba, cada vez me gustaba más, por lo que probamos a añadir otra más: acariciar, con lo que las sensaciones y agrado iban en aumento, más todavía cuando de pronto hizo aparición una nueva palabra, “anatomía” que nos invitó a conocerla y recorrerla junto con los abrazos besos y caricias.

Nos despojamos de ropas y reparos y recorrimos mutuamente nuestra anatomía, abrazándola y llenándola de besos y caricias de arriba a abajo y en toda dirección, una y otra vez para aprenderla muy bien, cada rincón, sin olvidar ninguno de ellos.

Con tanto paseo y movimiento fuimos conociendo muchas otras palabras que se nos cruzaban y enlazaban, como sentimientos, sensaciones, emoción, amor… Incluso preposiciones y adverbios se iban mezclando y participando en el juego: bien, encima, debajo, ahí, ahora… hasta que también las interjecciones y signos de admiración intervinieron en el juego: ¡oh!, ¡Sí!, ¡ahí, si!, todas bailaban a la vez, arriba, abajo, besos, caricias, adentro, afuera, empujar, ¡oh!, ¡Qué bien!, ¡Delicioso!, ¡Ah!, ¡Oh!, ¡Si, sí!, ¡ahhhhhh!

Con tanta interjección, adverbios, signos de admiración, caímos sobre una bonita palabra que aunque la veía por primera vez enseguida la comprendí y acepté gustosamente, éxtasis se llamaba y sobre ella y con ella conocimos el significado de otras muchas: pasión, séptimo cielo, orgasmo, eyaculación y muchas más que sería largo de enumerar.

Perdimos la noción del tiempo envueltos en aquel éxtasis, disfrutando de placer, sentimientos, sensaciones, deseo, amor, pasión, quedándonos al fin con unas pocas palabras: abrazo, cariño, anatomía, besos, agradecimiento, tumbados sobre otras agradables como descanso, relax, satisfacción…

Al rato recuperamos alguna otra como sentidos, noción del tiempo, ropa, hambre, por lo que ordenamos todas aquellas palabras y dimos por concluída aquella para mí primera lección de lengua española.

Ni que decir tiene que tras aquella primera lección vinieron muchas más ampliando nuestros conocimientos mutuos, cada una más placentera que la anterior pues es bien sabido que la lectura crea adicción, que un capítulo llama al siguiente y así sucesivamente, si el tema es atractivo como así sucedía.

Aprendimos a combinar palabras creando sensaciones más profundas y placenteras, a recrear bellas escenas en forma de poesía, sencillas en sus comienzos, mejorando poco a poco y aún seguimos en la tarea de perfeccionar las formas y el estilo.

–ooOoo–

Os recomiendo que vayáis conociendo a fondo esta lengua, cuidando sus formas, tratándola con el cariño y respeto que merece, procurando dejar cada coma, cada punto, cada letra en su lugar correcto; seguro que os resultará placentero, no os defraudará y todos los que la amamos os agradeceremos que así lo hagáis.

Poesía… o algo así.

Palabras
Imagen: Ruka de colores, Vero Tapia.

.

Os voy a revelar un secreto, en voz baja no sea que “mis chicas” se enteren:

Cuando intento imitar a esos buenos aprendices de poetas entre los que estáis incluídas algunas de vosotras, voy seleccionando cuantas bellas palabras, esbeltas y lozanas veo pasar pero ellas me miran altivas, se mueven furtivas y se van esquivas alejándose de mi mirada de admiración, incluso lasciva pues me atraen, las deseo de verdad.

Quizá sea cosa de la edad, me ven muy mayor para quedarse conmigo; cuando era joven trataba con ellas con naturalidad, con intimidad, incluso venían en mi busca pero, cosas de la juventud, no les ofrecí un hogar estable, no las acomodé en mi cuaderno y tras un breve flirteo o tras una relación un poco más larga tomaron otros caminos, imagino que ahora muchas de ellas habitarán en el cuaderno o en el blog de alguna de vosotras.

Así que al fin me quedo con palabras sencillas, llenas de sentimiento y voluntad pero no excesivamente vistosas; esas son “mis chicas” con las que intento crear algo hermoso con su buena voluntad y mi poco arte.

Habéis intentado manejar un rebaño de ovejas, que para colmo no os conocen, por terreno lleno de obstáculos? pues algo así me sucede con esas palabras, que cuando parece que obedecen mis instrucciones, en un momento dado se desbandan todas y es un desbarajuste, un caos; me sucede como a Ruka con sus calcetines, que se esconden y cuando una aparece me falta su pareja, aquella con la que rimar o completar la idea.

Por fin, a veces, consigo que se distribuyan de una manera en apariencia armónica, algo que visto desde lejos y con benevolencia pudiera parecer algo así como una poesía.

Corrijo alguna posición y cuando al fin sé que no voy a mejorar nada, como digo, no por falta de trabajo y de buena actitud por su parte sino de aptitud por la mía, les agradezco su buen hacer, les animo a trabajar conmigo en futuros proyectos y , con una mentira piadosa (fácilmente perdonable), les doy mi enhorabuena por haber conseguido crear una hermosa poesía, aunque todo parecido con dicha definición sea mera coincidencia pero ellas se merecen creer que su esfuerzo ha servido para algo bello.

Además en alguna ocasión esa obra se parece bastante a una poesía (aunque no buena) e incluso puede gustar a quien la observa con benevolencia y sin espíritu crítico.

Seguiré con otros intentos, ellas se lo merecen y con alguna nueva incorporación y un poco de suerte alguna vez saldrá un precioso boceto o amago de poesía.

El tiempo lo dirá, al menos eso espero.

La presidente y la juez.

https://fografiasartisticas.files.wordpress.com/2013/04/fotografias-artisticas-14.jpg?w=561&h=377

Me cabrea sobremanera, me jode, me fastidia, me revienta, me repatea las tripas que cuando una persona alcanza merecidamente un puesto o cargo, cosa que mentes estrechas consideran increíble por el hecho de que sea mujer, puesto o cargo con una denominación para ambos sexos, inventen un femenino para ese título como indicando que hay que aclarar que es mujer y por tanto no se puede esperar que desempeñe su función igual que si fuese un hombre.

Me refiero a puestos o cargos como el de presidente o juez, por ser los más llamativos y que ya en los medios se habla de presidentas y juezas, amén de clientas.

Sé que es una batalla perdida ya que la academia de la lengua (así, con minúsculas y poco real) se limita a admitir lo incorrecto “por uso habitual y general” en lugar de corregir públicamente lo que incorrectamente se usa en público (Medios) y fomentar el uso adecuado del lenguaje.

Ante esta batalla perdida pediría dos cosas a dicha Real Academia en su función de “limpiar, fijar y dar esplendor” a nuestra lengua:

Que si admiten ese nuevo femenino lo hagan con todas las palabras que están en su misma situación, como por ejemplo fiscala, delincuenta, ausenta, descendienta, residenta, partícipa o participanta, disidenta, etc., etc..

Y no solo eso sino que, para no discriminar, también el masculino sea nuevo y diferente: presidento, fiscalo, juezo, delincuento, ausento, descendiento, partícipo o participanto, indecento, disidento y así sucesivamente.

Mientras eso ocurre, os animo a todas las personas visitantes (os-as) o simpatizantes de este blog a procurar no crear más discriminaciones por razón de sexo con nuevos e inventados “palabros” y a utilizar lo mejor que sepamos y podamos este nuestro rico lenguaje, sea en prosa o en verso, salvo licencias razonadas o razonables.

Mientras tanto, mi enhorabuena a las presidentes, las jueces, las tenientes, las debutantes etc., presentes o ausentes, residentes en cualquier lugar del mundo.

Aprovecho para desearos a todas un feliz y provechoso fin de semana, con un lenguaje rico y correcto tanto en expresión corporal como espiritual, hablado o escrito (van incluidos bailes, demostraciones amorosas, tacos, etc., que todo es lenguaje y expresión).

Y mi habitual consejo:

¡Cuidaos, vivid la vida y procurad ser felices!

(felizos y felizas, ¡ja, ja, ja!)