14 de Julio, Pobre de mí

Sí, así es: ¡Pobre de mi!

Pobre de mí porque ya ha llegado el fatídico viernes, no porque llegue el fin de semana tan esperado por (casi) todas sino porque este viernes es ya 14 de Julio, y como en años anteriores, al acabar el día muchos miles de personas cantaremos: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín”.

Ocho días y medio de fiesta continua, las 24 horas del día, y por toda la ciudad de Pamplona, para todas las personas sin distinción; horas y lugares para cada gusto, lugares y horas para toda la familia especialmente los niños, gigantes, cabezudos, barracas (atracciones de feria)cada mañana, fuegos artificiales cada noche para todas las edades, música y actuaciones para todos los gustos en diferentes puntos de la ciudad y … a cualquier hora del día o de la noche… música por la calle a cargo de las peñas y charangas.

Así son las fiestas de San Fermín, al menos el corazón de las fiestas, a lo que habrá que añadir otros muchos aspectos como los encierros y las corridas de toros, procesiones, cientos de puestos legales de venta de mil artículos además de miles de mantas menos legales llenas de productos también de dudosa procedencia y legalidad, suciedad y algunos borrachos, sobre todo el fin de semana y en determinados lugares, etc., etc.

Todo esto ha llegado a su fin, se acabó por este año

Así que, siempre cantando, “Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín, pobre de mí,pobre de mí, que se han acabado las fiestas y sin dormir”

Pero… también como todos los años…  comienza la cuenta atrás para San Fermín 2018

“Ya falta menos, ya falta menos, ya falta menos p’a San Fermín”

¡Viva San Fermin 2018!

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Para terminar, igualmente cantando y sin llorar, os diré con Julieta Venegas… “qué lástima pero adiós, me despido de ti (vosotros) y me voy”, aprovecharé el fin de semana para descansar, vosotros aprovechadlo para lo que más os plazca.

¡Cuidaos, vivid la vida intensamente y procurad ser muy felices!

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La última hoja del tilo.

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“Bosques alemanes, Tila”

En el centro del claro del bosque se erguía majestuoso un hermoso y viejo ejemplar de tilo, ahora rodeado de un espeso manto dorado tejido con sus hojas perdidas durante estos días de otoño lo que enmarcaba su grueso tronco surcado de cicatrices en forma de corazón (como sus hojas) con iniciales  a los lados y algunos atravesados por la flecha de cupido, guardando muchas historias y promesas de amor manifestadas por parejas de enamorados que bajo su sombra habían retozado a lo largo de sus muchos años de vida.

No le gustaba que le produjesen esas heridas pero a pesar de eso no quería que desapareciesen sino que las mantenía como pruebas, testigo de mil historias de amores al principio felices aunque con distintos caminos y finales a veces tormentosos y desgraciados según los casos. Como haría una bordadora, cada año remarcaba más esos signos de amor juvenil y se sentía orgulloso cuando algunas parejas volvían a visitarlo y a recordar y renovar sus promesas de amor.

Ahora se sentía melancólico, con las hojas ya perdidas salvo alguna aislada que se mantenía en lo alto a pesar del frío y las inclemencias, preparándose para un largo y triste invierno en que posiblemente nadie vendría a visitarlo y menos aún a retozar bajo sus ramas ni a susurrar palabras y promesas de amor eterno.

Recordaba con tristeza la última visita hace escasamente una semana: una dama de belleza ya madura, con semblante sombrío a la que costó reconocer como aquella bella muchacha de cabellos dorados que acompañado de otro bello efebo, retozaban cariñosamente y se sentaban en un viejo tronco que durante unos años se mantuvo adosado a su tronco, multiplicando sus gestos y palabras de amor.

En esta ocasión le acompañaba, agarrando su mano, una linda muchachita que, aunque con gesto triste, en ella sí que veía reflejada la figura de antaño de quien sin duda era su madre.

Depositando en el suelo una maleta que portaba, se acercó al tronco y a una considerable altura repasó con su mano uno de aquellos corazones con las iniciales E  y L mientras las lágrimas surcaban su bello y sombrío rostro.

Sois tú y papá, Ernesto y Lucía, ¿verdad? Preguntó la niña y sin esperar el asentimiento que la madre hizo con un simple gesto, continuó diciendo: Os queríais de verdad, ¿no es así? Entonces… cómo es posible que papá haya cambiado tanto como para tratarnos así, como para maltratarte como hace? Pero no te preocupes, mamá, tienes mucha vida por delante y las dos juntas conseguiremos ser felices de nuevo.

Ella la abrazó emocionada; fue un largo abrazo regado de lágrimas, de amor y de esperanza tras el cual, tomando de nuevo la maleta, continuaron por el sendero que, atravesando el bosque, llegaba hasta la estación del ferrocarril cuya vía apuntaba hacia lo lejos, hacia un futuro incierto pero esperanzador.

Todavía estaba recordando esa emotiva y triste escena cuando vio aproximarse una figura masculina, algo encorvada y con aspecto desaliñado y cara de pocos amigos en la que reconoció  a Ernesto, aquel muchacho otrora enamorado de Lucía y al parecer causa de sus males y su desgracia en la actualidad.

Se aproximó al viejo tronco y mientras buscaba con la vista aquel corazón testigo de una gran amor ahora truncado o más bien transformado en intenso odio, fue sacando de entre sus ropas una pequeña hacha con la que comenzó a golpear con saña dicho corazón haciéndolo desparecer en mil pedazos que saltaban como huyendo de los disparates, imprecaciones y juramentos con los que acompañaba sus golpes.

Cientos de golpes después de haber borrado toda señal de aquel corazón, cansado ya de golpes y de rabia, lanzó bien lejos entre los árboles el hacha y se dejó caer a los pies del tilo golpeando todavía el suelo con sus puños varias veces hasta que giró y con los ojos con expresión ausente permaneció mirando sin verlas, las últimas hojas del tilo recortada su silueta acorazonada contra el rojo con cuyo color el sol se había ya despedido hasta un nuevo amanecer.

En esa misma postura y con los ojos todavía abiertos, fue descubierto en la madrugada cubierto de escarcha y sobre su pecho un corazón ribeteado de cristalitos de hielo cual minúsculos diamantes, la última hoja, dorada por el otoño, del majestuoso e impasible tilo.

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Nana Moskouri-Der lindenbaum (El Tilo) de Schubert

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¡Feliz fin de semana a todas!

Y ya sabéis:

¡Cuidaos, vivid la vida intensamente y procurad ser muy felices!

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Tal vez no debí decirlo.

Ahora pienso que tal vez no debí decirlo

pero ya es tarde

desde entonces no cesa de llorar.

Tal vez no debí decirlo

o decirlo de otra manera

pero en aquel momento era lo que sentía

Tal vez si no lo hubiera dicho

sus lágrimas habrían ya cesado

pero ya no tiene remedio.

Si no le hubise dicho aquello…

“No llores mi amor, ven aquí

secaré tus lágrimas a besos

sacaré tus penas con abrazos

y miles de caricias y mimos”

Tal vez si no lo hubiera dicho

o dicho de otra manera

no seguiría llorando.

El duende azul.

(Marioneta de Miguel López de Aguileta)

Duende azul, marioneta

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Amalai era un duende color azul claro; sabido es que los duendes de color claro son buenos compañeros pero juguetones y traviesos aunque inocentes e inofensivos.

Un buen día, en el solsticio, Amalai, que era juguetón y muy travieso y al que gustaba incordiar y gastar bromas pero sin mala idea o más bien con una mala idea inocente, recibió la visita de la reina de las hadas, cosa que le extrañó y confundió pues era la primera vez, no sólo que le visitaba sino incluso la primera vez que la veía.

Azorado y preocupado, se dispuso a escuchar lo que la reina de las hadas pudiese decirle o hacerle.

– No temas Amalai – dijo la reina – no vengo a reprenderte ni a castigarte, eres travieso y tus travesuras a veces pueden molestar pero sé que lo único que pretendes es animar un poco la monotonía de la vida, pero ya es hora de que te ocupes de algo más importante y es lo que vengo a proponerte: debes ocuparte del bienestar de los humanos y más en concreto de algunos de ellos.

– Pero no sé si sabré o podré hacerlo, los humanos son seres muy raros e imprevisibles.

– No digo que sea tarea fácil pero con interés y buena voluntad, poco a poco conseguirás hacerlo bastante bien.

– Y podré gastarles bromas? Es que son bastante aburridos y sombríos y necesitan reír un poco más.

– Me temo que aunque te diga que no, no podrás evitar hacerlas, pero ten cuidado y no te pases.

– Pero… entre los humanos que me dice me encargue de forma especial hay varias hembras y ellas son más imprevisibles y volubles todavía, no podré seguirlas a todas partes, cada día van en una dirección imprevista.

– Tu misión no es seguirlos, deben continuar cada uno  su camino y su ritmo  aunque puedes acompañarlos a ratos. Tu principal misión es cuidarlos, estar dispuesto siempre a enjugar sus lágrimas, consolarlos, curar sus heridas, principalmente las del corazón, menos visibles pero más dolorosas, cuando acudan a ti, aunque también puedes y aun debes acudir adonde estén si ves que te necesitan.

Lo importante es que sepan que, en este claro del bosque, junto a este precioso remanso del río, siempre encontrarán un apacible lugar donde descansar y que siempre encontrarán consuelo y ayuda cuando lo necesiten, que tú tratarás de proporcionales el consuelo y los cuidados necesarios, que siempre serán bien acogidos y tratados con una sonrisa..

Otra cosa te advertiré: no debes esperar nada a cambio, ni siquiera agradecimiento pues, como dices, son imprevisibles y volubles, por lo que unas veces te lo agradecerán con visibles muestras de afecto y otras en cambio no solo no demostrarán agradecimiento, aunque lo sientan, sino que incluso pensarás que te han olvidado totalmente y hasta es posible, en algún caso, que así sea.

Eso por supuesto te afectará pero no no deberá cambiar tu forma de tratarlos, siempre con afecto, y ayudarlos en cuanto puedas; los humanos son así y así debes aceptarlo. Trata de comprender a cada uno pues cada uno es diferente y comprobarás, por ejemplo, que para unos un beso o un cuento les alivia y les hace conciliar el sueño y otros en cambio necesitan mucho más para poder hacerlo.

– Por lo que veo, no es tan sencillo cumplir esa misión pero puede estar segura, mi reina, de que intentaré cumplirla poniendo todo lo mejor de mí mismo.

– Así lo espero y estoy segura de que no solo lo intentarás sino que lograrás hacerlo muy bien, Amalai, confío en ti.

Desde entonces, Amalai procura mantener ese claro del bosque junto al precioso remanso del río, siempre limpio y acogedor y cada vez es más visitado por los humanos buscando un ratito de sosegado descanso, contar sus penas sabiendo que serán escuchados y consolados y también a veces para que les cure sus heridas o alivie sus doloridos miembros y músculos, incluso reciben de buen grado las bromas y travesuras del duende azul pues saben que solo pretende evitar la monotonía y sacarles una sonrisa y que su mala idea solo provoca chispitas que adornan la oscuridad de la vida.

Existen en el mundo muchos más espacios parecidos, cada uno con una especialidad diferente, en muy distintos lugares y atendidos por diferentes seres, posiblemente conozcáis más de uno,  con una cosa en común: todos sirven para aliviar las tensiones de la vida y ayudar a superarlas.

 

Serie Haikus – 5/5 Lágrimas

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Lágrimas dulces

son las que yo derramo

cuando tú vienes

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Poema de la lluvia triste.

“Llorar es sudar la angustia que te llena,

es llover tristeza para poder ser feliz”.

Pensamos a veces, equivocadamente, que es malo llorar, que no debemos llorar.

Las lágrimas son una manifestación de los sentimientos que nos desbordan, son como un testigo de lo que sucede en nuestro interior y así sucede que pueden reflejar distintas emociones y sentimientos, unos alegres, otros tristes.

Aun en el caso de que sean lágrimas de tristeza, pena o sufrimiento, lo malo será la causa de ese sufrimiento, pena o tristeza pero no las lágrimas que por contra sirven para liberarnos de la tensión creada por todo lo anterior.

Hace ya mucho, mucho ha llovido y mucho he llorado desde entonces, en los albores de este blog ya escribí sobre las lágrimas, “A qué saben las lágrimas?”, así que, de momento, no profundizaré sobre este tema.

Simplemente os dejo, para aliviar la semana que comienza, esta bonita canción de Mago de Oz titulada “Poema de la lluvia triste” con el deseo de que no haya penas en vuestra vida sino que las lágrimas, si las hay, sean de alegría y de emociones positivas.

Y ya sabéis mi consejo:

cuidaos y procurad siempre ser felices.

Poema de la lluvia triste (ver letra) Seguir leyendo “Poema de la lluvia triste.”