¡JUSTICIA!

Lo siento; hoy rompo las normas: como ya he comentado alguna vez, me propuse que este blog iba a ser un remanso donde descansar de las injusticias y abusos de la vida diaria, para eso ya tenía otros blogs, pero hay ocasiones que es difícil abstraerse y que las injusticias y abusos no te salpiquen todo tu ser.

Por eso y aun siendo viernes, habitualmente de disfrute musical, no puedo menos que traer este artículo sobre los abusos, contra las mujeres principalmente, en México hace diez años. Lo peor de todo es que no es un caso aislado sino que por desgracia día a día se machaca y se oprime de mil formas a cual más cruel a los débiles cuyo escalón más bajo son las mujeres pero precisamente por demostrar su fortaleza y valentía al no dejarse robar, ningunear, abusar, por parte de los poderes económicos y públicos con tal impunidad que incluso como en este caso, el principal culpable ocupa luego la presidencia del país..

¡Mi homenaje y admiración por todas ellas, de cualquier raza y en cualquier país!

 

A Yolanda Muñoz la detuvieron en la azotea de una casa y la pusieron de rodillas. A su lado había una pila de cuerpos amontonados, golpeados y ensangrentados.

Todavía recuerda las botas negras de sus agresores, el encono de sus golpes: casi siempre pegaban en la espalda y en la cabeza, dice.

Los policías la subieron a un autobús tipo escolar junto a otras mujeres y hombres que, al igual que ella, creían que iban a morir. Y en cierto sentido no se equivocaba: en ese viaje de cinco horas que hicieron desde Texcoco —un municipio en las afueras de Ciudad de México— a distintas cárceles, a muchas de las detenidas les mataron una parte de ellas mismas.

A algunas le mordieron los senos, les pellizcaron los pezones. A una mujer la obligaron a darle sexo oral a varios policías. A otras las penetraron con los dedos o con objetos. Mientras los policías las golpeaban, las manoseaban y las denigraban, algunas eran forzadas a contar chistes para entretenerlos. A Yolanda Muñoz le hicieron mantener el equilibrio mientras sostenía una granada falsa en las manos.

Ella es una de las víctimas de las detenciones arbitrarias y torturas sexuales cometidas por fuerzas del Estado mexicano en mayo de 2006, cuando el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, ordenó un operativo para reprimir a un grupo de manifestantes.

Tras una exhaustiva investigación de años, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictaminó que el gobierno mexicano no solo fue incapaz de otorgarles justicia a estas mujeres, sino que ese mismo sistema de justicia quebrado muchas veces persigue a sus propias víctimas. En su dictamen, la CIDH también exhortó a realizar una investigación completa para determinar a todos los responsables, y un posible encubrimiento de los hechos.

The New York Times entrevistó a las once mujeres que consiguieron que el caso trascendiera las fronteras de México —algunas de las cuales hablaron por primera vez públicamente sobre los abusos que sufrieron hace diez años—, que relataron el trauma y el dolor con el que han convivido desde entonces.

El operativo policial del 3 y 4 de mayo del 2006 tenía como fin acabar con un movimiento de protesta que había nacido de la oposición al proyecto de un nuevo aeropuerto en San Salvador Atenco —a unos 50 kilómetros de Ciudad de México—, pero se había convertido en catalizador de otras luchas de reivindicación social.

La represión ordenada por el gobierno terminó con la muerte de dos personas, más de 200 detenciones y decenas de heridos graves. Los agentes de seguridad que participaron fueron acusados, entre otras violaciones a los derechos humanos, de torturar sexualmente a más de 20 mujeres.

Once de ellas decidieron denunciar los hechos y luchar por justicia, pero se vieron obligadas a llevar su caso a una instancia internacional después de toparse con trabas en la investigación de sus denuncias, e incluso con la difamación de autoridades locales, incluyendo al entonces gobernador Enrique Peña Nieto.

En junio de 2006, un mes después de los hechos, Peña Nieto llegó a declarar a la prensa que la “fabricación” de acusaciones era una táctica conocida de grupos radicales, y que ese podía ser el caso de las mujeres que denunciaban violaciones por parte de la policía, con el objetivo de desacreditar al gobierno.

Más de una década después, la CIDH no solo ha emitido su dictamen a favor de las víctimas, sino que el sábado pasado envió el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que podría obligar al Estado mexicano a establecer responsabilidades en toda la cadena de mando involucrada en los hechos, lo que incluye al entonces gobernador del estado que ordenó el operativo, hoy presidente de México.

La oficina del presidente ha dicho por su parte que la CIDH no responsabilizó a Peña Nieto ni lo ha nombrado explícitamente como un objetivo de la investigación. Más allá de eso, sostienen, los casos judiciales en México nunca lo han hecho responsable de las agresiones sexuales a las mujeres.

‘Me quitaron la mitad de mi vida’

Suhelen Cuevas soñaba con ser periodista y llegó a San Salvador Atenco el 4 de mayo del 2006 para cubrir los enfrentamientos que habían ocurrido la noche anterior en el municipio.

Edith Rosales era asistente médica, tenía 48 años, y había llegado a Atenco con una brigada de auxilio para atender a los heridos de la noche del 3 de mayo.

Norma Jiménez y Claudia Hernández eran estudiantes, y estaban allí para documentar lo sucedido: Norma para la revista “Cuadernos Feministas”, Claudia para estudiar movimientos sociales.

Patricia Torres también era estudiante: estaba escribiendo su tesis sobre el movimiento social de protesta en Atenco.

Bárbara Italia Méndez había llegado allí con una organización que atiende a menores en riesgo.

Cristina Sánchez acompañaba a sus hijos a la escuela y se dirigió después al mercado a realizar compras. Ana María Velasco había ido al mercado de Texcoco para hacer unas compras con su hermano y su cuñada. Yolanda Muñoz iba con su hijo caminando por la calle rumbo a Texcoco.

Patricia Romero había llegado al mercado Belisario Domínguez para trabajar con su hijo y su padre en el negocio familiar que tenían allí.

Mariana Selvas acompañaba a su padre a ofrecer sus servicios médicos en San Salvador Atenco.

Ese fue, para cada una de ellas, el último momento en que fueron tal como eran, antes de que sus biografías se partieran en dos.

De las más de 20 mujeres que fueron apresadas y torturadas sexualmente durante los enfrentamientos en mayo de 2006, las once que decidieron seguir con sus casos y llevarlos hasta una instancia internacional no solo comparten una misma lucha para que se reconozcan —y se castiguen— los abusos cometidos, sino también el intento por recuperar el control de sus vidas.

En la última década algunas de ellas encontraron en esta cruzada un nuevo propósito. Varias, con el apoyo de sus seres queridos, lograron salir adelante y continuar. Otras no corrieron con la misma suerte.

Algunas dejaron de estudiar y abandonaron sus proyectos. Perdieron parejas, inclusos sus hijos se alejaron de ellas, o sus seres queridos no lograron entender nunca ni adaptarse al trauma tan particular de una víctima de tortura sexual.

Para todas ellas la intimidad sexual es, en el mejor de los casos, un desafío; en los peores días, un suplicio.

A sus 30 años, prácticamente el único contacto físico que Suhelen puede mantener con naturalidad con su pareja es tomarse de la mano.

“Me quitaron la mitad de mi vida”, dice hoy, en la primera entrevista que da a algún medio desde que fue detenida y abusada por policías cuando era una estudiante de 19 años.

Sus ojos azul intenso se empañan con lágrimas, pero de pronto se abren de emoción y gratitud con la rapidez de la euforia: al menos vivió para contarlo, dice.

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De izquierda a derecha, arriba: Patricia Torres Linares, 33 años; Norma Jiménez Osorio, 33 años; María Patricia Romero Hernández, 48 años, y Mariana Selvas Gómez, 32 años. De izquierda a derecha, abajo: Yolanda Muñoz Diosdada, 56 años; Cristina Sanchez Hernández, 50 años; Edith Rosales Gutiérrez, 60 años, y Claudia Hernandez Martinez, 33 años. Credit Fotografías por Daniel Berehulak

‘No me atreví a decírselos’

“Es como si te hubieran matado”, dice Mariana Selvas, que al momento de ser detenida tenía 22 años y era estudiante de Etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. “Y puedes quedarte muerto en vida con el miedo, con el dolor que no se quita, con el recuerdo, o puedes, aun con lo que pasó, tratar de encontrar un camino y la fuerza, tratar de vivir aun sin quitarte aquello que te mató en ese momento”.

Mariana fue detenida, golpeada, torturada sexualmente y tuvo que permanecer en la cárcel un año y ocho meses.

Después de haber sido abusadas durante el operativo, estas mujeres pasaron en prisión desde ocho días hasta dos años y ocho meses, acusadas por delitos que iban desde ataques a las vías de comunicación o ultraje y portación de armas hasta uso de explosivos y secuestro equiparado.

En estos años aprendieron que en un país donde el machismo atraviesa conductas sociales y culturales, el hecho de haber sido violadas sexualmente constituye una doble carga, un doble estigma. Y también una doble soledad.

Para Norma Jiménez seguir con el caso le ganó el rechazo de su padre, quien trata de desalentarla de continuar la batalla legal.

“Lo avergüenza”, dice.

A Patricia Romero, la vergüenza y el dolor de haber sido abusada sexualmente por varios policías le impidió compartir lo que le había sucedido con su padre y su hijo, que también fueron detenidos ese día, por miedo a causarles más daño.

“No me atreví a decírselos, los hubiera matado”, dice.

“Todavía recuerdo las voces de los tres o cuatro policías. Me acuerdo de cada detalle, los gemidos, el jaloneo. Todo es tan difícil”.

Tampoco tuvo la confianza para decírselo entonces a su esposo, ya que este en distintas ocasiones le preguntaba: “¿Verdad que a ti no te violaron?”.

Patricia trata, sin lograrlo, de contener el llanto.

“Yo hubiera esperado que me dijera: ‘No te preocupes, ya pasó’. Yo quería recargarme en él en ese instante, y eso nunca pasó”.

Patricia tiene 49 años y confiesa que, aún después de tantos años, no es capaz de llevar una vida sexual plena.

“¿Cómo podría disfrutar algo que antes me hacía feliz y que me destruyó?”, dice. Hoy, en esta entrevista, ha decidido revelar por primera vez los detalles de su abuso a sus seres queridos. “Ya es tiempo de que lo sepan todo”, dice.

Ella tenía 38 años cuando fue detenida en el mercado Belisario Domínguez en Texcoco. Después de ser arrestada arbitrariamente, torturada y abusada, estuvo en prisión dos años y ocho meses. Hoy todavía sufre hemorragias vaginales e hipertensión como consecuencia de la violación y los golpes recibidos durante su detención.

‘No somos las violadas de Atenco’

Claudia Hernández era estudiante de política en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y documentaba en Atenco la represión de las fuerzas de seguridad estatales a los jornaleros que se oponían al proyecto del aeropuerto.

Después de ser brutalmente golpeada hasta quedar casi inconsciente, fue trasladada al Centro Preventivo y de Readaptación Social Santiaguito. En el trayecto a bordo de un autobús con decenas de mujeres golpeadas fue torturada sexualmente por un policía.

“Ese día marcó mi vida, y lo único que quería hacer después era lastimarme”, dice.

A Claudia la corrieron de la casa de estudiantes donde vivía, nunca logró terminar su tesis y perdió a su pareja.

“Me siento tan chiquita comparada con lo que era. Me pregunto: ‘¿Qué he hecho en estos diez años?’”, se pregunta Claudia, cuya complexión diminuta contrasta con la fuerza de su voz y de sus gestos. “Supongo que sobrevivir”.

Patricia Torres tenía 23 años y escribía su tesis sobre el movimiento social de protesta de los pueblos unidos de San Salvador Atenco. Su cuerpo quedó cubierto de moretones por la golpiza que le dieron cuando la detuvieron. También fue abusada por los policías.

Después de pasar varios días en la cárcel, bebía sin control, se volvió paranoica y terminó dejando la universidad. No recuerda mucho lo que hizo durante el primer año después de la agresión. Lo único que recuerda es lo que no hacía: no salía a la calle, no reía, no hablaba, no convivía.

“Me robaron mi carrera, mi sueño de ser académica. Pensaba que la culpa de todo lo que me pasó era de los libros, así que nunca quise volver a la universidad”, dice.

Ni Patricia ni Claudia ni Suhelen terminaron sus estudios.

Ana María Velasco, de 43 años, llora cuando recuerda lo mucho que disfrutaba bailar, y lo introvertida que ahora se reconoce.

Claudia Hernández dejó de ser una luchadora social.

Suhelen Cuevas no se volvió periodista.

Bárbara Italia Méndez no volvió a soñar con ser mamá.

Yolanda Muñoz, que es viuda y perdió su trabajo al salir de la cárcel, solo puede mandar a uno de sus cinco hijos a la universidad después de los gastos que tuvo que afrontar su familia para sacarla de prisión.

“Yo no tengo una carrera, ¿qué puedo hacer? Por mis antecedentes nadie me da una recomendación de trabajo,” dice Yolanda, quien fue detenida cuando iba a vender tela al mercado de Texcoco.

Incluso diez años después, la angustia, el estrés del proceso legal y el miedo a las represalias ocasionaron que los hijos de Cristina Sánchez se alejaran de ella y se mudaran de su casa hace apenas un par de meses.

“Me pedían que dejara de hablar y pensar en lo que pasó porque les afectaba mucho, les daba miedo lo que podría pasar y tristeza recordar lo que ya había sucedido”.

Pero la decisión de estas once mujeres de continuar con la batalla legal les confirió un nuevo sentido de vida y una forma —a veces liberadora— de lidiar con el dolor.

“Me di cuenta de que había encontrado el propósito de mi vida,” dice Bárbara Italia Méndez, quien ha compartido su experiencia en múltiples espacios públicos, y se ha vinculado con otras víctimas de tortura sexual en América Latina.

Su mirada inteligente se ve diáfana a través de sus lentes. Ella es consciente de su racionalización del dolor.

Como una hermandad, todas ellas han logrado usar su coraje y sufrimiento como combustible para persistir en la búsqueda por justicia y así lograr, finalmente, una rara victoria de rendición de cuentas.

“No somos las violadas de Atenco, somos las mujeres que sobrevivieron y superaron lo que pasó en Atenco, yo sigo siendo yo, no soy esa etiqueta”, dice Suhelen, quien hoy en día surfea todas las mañanas en su ciudad natal de Los Cabos, en Baja California.

¡Ninguna agresión sin respuesta!

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Siempre hay malnacidos que piensan que la mujer debe estar a su servicio, que pueden disponer de ella aun en contra de su voluntad.

Siempre hay algún cobarde machito, que no llega a persona, que se escuda en la fiesta, en la multitud, en su superioridad física y numérica para atacar a una mujer indefensa.

Dejemos bien claro que quien se aprovecha de su superioridad y de su fuerza, quien  piensa que abusando de otros es más hombre, es sólo un gusano asqueroso, un despojo que no merece la consideración de persona; mostremos nuestra repulsa a semejantes alimañas y nuestro apoyo incondicional a sus víctimas.

Que ninguna agresión quede sin respuesta; como en Pamplona donde miles de personas abarrotaron la plaza del Ayuntamiento y sus aledaños, hicieron un alto en la fiesta para mostrar la más firme repulsa a la agresión sufrida por una muchacha esa madrugada, para dejar bien claro el rechazo total a cualquier agresión.

¡Contra las agresiones sexistas tolerancia cero!

¡No a cualquier tipo de violencia!

La fiesta es de todos y para todos, la fiesta es ante todo respeto a los demás.

Con respeto, con alegría e ilusión, disfrutemos de la fiesta y de la vida.

¡Que siga la fiesta!


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Sin hijo, ni árbol, ni libro.

Dicen que para sentirse relizada una persona debe haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro pero como bien dice la canción, las personas sin historia,  o sin hijo ni árbol ni libro, hacen la historia.

No es preciso cumplir ni siquiera una de las tres premisas para contribuir a construir este mundo, esta sociedad, en que cada una aportamos nuestro granito de arena y como bien dice Silvio, granito a granito se forman grandes playas, ni tampoco hay que cumplirlas para ser feliz.

Bueno, lo que pretendía, dado que hoy es viernes, comienzo ya del fin de semana, desearos que seáis felices y disfrutéis todo lo posible del o de los días de asueto que conlleva, disfrutando al mismo tiempo de los dos grandes maestros que son Mario Benedetti y Silvio Rodríguez, con su poesía «De haber tenido un hijo» y su canción «Sin hijo, ni árbol, ni libro»

Tanto sin hijos, árboles o libros como con ellos, lo importante es contribuir positivamente a mejorar un poquito esta sociedad, este mundo, cada cual en la medida de sus posibilidades y habilidades.

¡Cuidaos, vivid la vida y procurad ser felices!

Ver las letras Seguir leyendo «Sin hijo, ni árbol, ni libro.»

Hoy vas a ser la mujer que te dé la gana de ser

«Hoy vas a comprender que el miedo

se puede romper de un solo portazo»

Hay que ser valiente para romper la opresión, para vencer el miedo que atenaza, para romper esa dependencia que dura años, esa sumisión y conformismo, para romper cadenas y conseguir la libertad.

Es terrible la situación ante los malos tratos y lo que es más terrible es la aceptación de la sociedad o como mínimo la pasividad de la mayoría ante los malos tratos, sobremanera en sus primeros estadios que son considerados como algo normal y solamente llegamos a condenar y considerar malos tratos los casos más graves y sobre todo físicos, cuando ya la situación es muchas veces irreversible y fatal.

Y es precisamente en estos primeros estadios, en esas situaciones que consideramos sin importancia, donde radica el peligro de considerar normal esos primeros casos de violencia, sobre todo psíquica, de control de la otra persona, de espionaje, de sometimiento sutil, negando esa imposición y disfrazándola de algo voluntario, de un deseo de agradar.

Esa insinuación o imposición sobre la forma de vestir (no el consejo sobre qué sería correcto en una situación especial), esas insinuaciones, imposiciones o prohibiciones sobre con quién hablar, con quién tratar, esa vigilancia del correo o teléfono y situaciones similares forman parte del maltrato psicológico y son las raíces donde van tomando fuerza los malos tratos; esos episodios de vejación, control, sometimiento, etc. no son algo gracioso ni algo sin importancia ni mucho menos algo que has causado tú porque lo que has hecho era una provocación.

Tengamos claro que es en estos primeros episodios donde debemos cortar por lo sano, sin esperar que «ya se pasarán» ni esperar a que la situación empeore porque entonces ya no tendrá remedio sencillo, estaremos ya atrapadas en esa situación y posiblemente sometidas, dependientes, asumiendo todo como mal menor, como inevitable.

Y siempre, siempre sea cual sea el grado de gravedad de la situación, la solución no es seguir adelante sometidas para evitar males mayores o por miedo a la soledad, al abandono, porque ese sometimiento y ese miedo provocan precisamente un mayor envalentonamiento del verdugo, una impunidad a sus desmanes.

Siempre es muy difícil sacar valor para denunciar, para cortar una relación afectiva que tiende a perdonar y hasta a justificar lo injustificable e incluso a considerarse causante o culpable de esa situación.

Es preciso dar ese paso tan duro, pedir ayuda y consejo para ello, acudir a profesionales y sobre todo estar seguras de que por difícil que se presente la vida después de la ruptura, nada será peor que ese infierno que quedará atrás al decidir dar ese paso.

Todas debemos implicarnos en luchar contra estas injusticias; mentalizándonos en que no hay malos tratos sin importancia, ni físicos ni psicológicos, advirtiendo o denunciando los malos tratos, apoyando, aconsejando y ayudando en la medida de nuestras posibilidades a las víctimas.

LOS MALOS TRATOS NUNCA PUEDEN JUSTIFICARSE, ni en la actitud de la víctima ni en ningún otro motivo.

Como llega el fin de semana, qué mejor que hacer todas estas reflexiones al ritmo de la música, decir ¡basta ya!, ¡desde hoy seré libre, soy libre! junto con Bebe y esta preciosa canción titulada «Ella»

Para todas vosotras, sobre todo para esas «ellas» víctimas que han decidido o desean dejar de serlo.

Feliz fin de semana para todas.

¡Cuidaos y procurad ser felices disfrutando de la vida!.

 

Ella (Bebe)

Ella sa cansao de tirar la toalla
se va quitando poco a poco telarañas
no ha dormido esta noche pero no está cansada
no mira ningún espejo pero se siente to’ guapa
Hoy ella sa puesto color en las pestañas
hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña
hoy sueña lo que quiere sin preocuparse por nada
hoy es una mujé que se da cuenta de su alma

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.

Hoy vas a hacer reír
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
hoy vas a conseguir
reírte hasta de ti y ver que lo has logrado
Hoy vas a ser la mujé
que te dé la gana de ser
hoy te vas a querer
como nadie ta sabío queré
hoy vas a mirar pa’lante
que pa atrás ya te dolió bastante
una mujé valiente, una mujé sonriente
mira como pasa
Hoy nasió la mujé perfecta que esperaban
ha roto sin pudore las reglas marcadas
hoy ha calzado tacone para hacer sonar sus pasos
hoy sabe que su vida nunca más será un fracaso

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas a conquistar el cielo
sin mirar lo alto que queda del suelo
hoy vas a ser feliz aunque el invierno sea frío y sea largo, y sea largo…
hoy vas a conseguir
reírte hasta de ti y ver que lo has logrado…

Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.
Hoy vas a hacer reír
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
hoy vas a conseguir
reírte hasta de ti y ver que lo has logrado ohhhh…

.

¿Qué te gustaría ser, si vivieras?

Sin comentarios.

Para todas vosotras, de ambos sexos:

Feliz semana, cuidaos, procurad vivir, dejar vivir y ser felices.

Ante la violencia de género, tolerancia cero.

NO PERMITAS QUE TE CONTROLEN, NO PERMITAS QUE TE MALTRATEN. ANTE LA VIOLENCIA, TOLERANCIA CERO.

No olvidemos que la violencia es progresiva, a veces sutil, que va in crescendo hasta desembocar no en estas tragedias, porque las tragedias ya existen, sino en estas muertes, punto final de la tragedia aunque comienzo de otras como ocurre con las familias, con los hijos, etc. víctimas que lo continúan siendo sin que les hagamos el menor caso.

Por eso, ¡¡ante la violencia tolerancia cero!!

No permitas que te controlen, que decidan sobre tu forma de vestir, que controlen con quien vas o hablas ni  admitas la más mínima agresión, ya sea física o sicológica; corta al primer síntoma.

Y si no lo hiciste antes, ¡hazlo ya!, busca ayuda y no lo dudes; cada día que dejes pasar sólo empeorarás tu situación.

Para todas las que reciben malos tratos les dedico esta canción de Pasión Vega: María se bebe las calles»

(ya sé que publiqué sobre este tema el 25-11-2010, pero es un tema demasiado importante para olvidarlo)

María se bebe las calles (Pasión Vega) Seguir leyendo «Ante la violencia de género, tolerancia cero.»

Libre te quiero

Libre te quiero, pero no mía,

ni de Dios ni de nadie, ni  tuya siquiera.

Agustín García Calvo es el autor de magníficos poemas, pero ninguno como su «Libre te quiero».
Este breve pero intenso poema es un canto a la libertad absoluta y uno de los textos más hermosos de la lengua española.
Si el poema ya era sublime por si mismo, con la música, la voz y la sensibilidad de alguien como Amancio Prada, «Libre te quiero» se convierte en un prodigio de belleza plástica.
Alfredo http://www.musicayvino.com

Libre te quiero, de Agustín García Calvo

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.

Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.

Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.

Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza.
Pero no mía.

Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.

Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

LAS MUJERES MÁS VALIENTES NO SALEN EN LA TELE

DateCuenta, marzo 07, 2013

El reportaje “Mujeres valientes” que DateCuenta produjo en el año 2008 de forma autogestionada, sigue sin embargo totalmente vigente. Si te apetece colaborar con nuestros proyectos, puedes adquirir el libro fotográfico en este link y hacernos publicidad en las redes sociales. Con tu empuje cambiamos el sentido del periodismo y su enseñanza apuntando hacia lo que más importa.

Por DATECUENTA

León Trostky decía que para aprender a cambiar las condiciones de vida debíamos aprender a mirarlas a través de los ojos de las mujeres. Ir a contracorriente en la sociedad actual es difícil, pero hacerlo siendo mujer lo es todavía más. En general, ellas son las que concilian la vida familiar y social, las que hacen que la vida fluya y los derechos de todos evolucionen. Las mujeres rompen tabús y estigmas, luchan de forma incansable por conseguir la dignidad que, en ocasiones, la sociedad les arrebata. Cada escalón que logran subir redunda, en definitiva, en un beneficio colectivo y en un mundo mas justo.

Mujeres como Paquina, de León, que perdió a su compañero sindicalista, en el frente asturiano, y dedicó toda su vida a seguir su trabajo, sufriendo encarcelamientos y torturas; como Yamila, que cruzó en cayuco desde África a España con su hijo de meses en brazos en busca de un futuro mejor; como Carmen e Isabel, madres coraje contra los abusos del poder, que reivindican a diario, a pesar de las presiones, el asesinato de sus hijos Pedro Álvarez y Arturo Ferragut, a manos de un policía uno y de dos médicos de la Clínica Dexeus de Barcelona el otro; como Marga, que sigue ejerciendo como trabajadora sexual a pesar de las múltiples denuncias y multas que le impone la policía de Barcelona amparándose en la ordenanza cívica de esa ciudad; como Sandra, que se fue de casa con 17 años, harta de ser maltratada por su padre, y al que después de siete años ha logrado cambiar; comoGina, de Hospitalet, que ha sido la primera transexual en ganar un juicio por discriminación laboral; como Luisa yAna, que han salido adelante prácticamente sin apoyo familiar con un cáncer de mama una y siendo madre soltera la otra… Estas mujeres protagonizan pequeñas historias de vida que van forjando el día a día con su lucha y su valentía.

http://www.datecuenta.org/mujeres-valientes-dia-de-la-mujer-8-de-marzo-2013

“Para la esperanza”, por Eduardo Galeano

Tomado de

15.10.2012

Venta de esclavos de Yucatán a Cuba, mural de Fernando Castro Pacheco expuesto en el Palacio de Gobernación de Mérida, México.

¿Qué tal si deliramos por un ratito?

¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones…

En las calles los automóviles serán aplastados por los perros…

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será, tampoco, mirada por el televisor.

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha, o el lavarropas.

Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar en vez de… vivir por vivir nomás… Cómo canta el pájaro sin saber que canta y cómo juega el niño sin saber que juega.

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen por cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.

Nadie vivirá para trabajar, pero todos trabajaremos para vivir.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie, nadie, tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.

La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.

La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio… porque la comida y la comunicación son derechos humanos.

Nadie morirá de hambre… porque nadie morirá de indigestión.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.

Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.

La educación no será el privilegio de quiénes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quiénes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad… hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda..

En Argentina, las locas de plaza de mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará: festejar el cuerpo. La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios: amarás a la naturaleza de la que formas parte.

Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.

Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.

Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza, y voluntad de Justicia… hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.

Seremos… imperfectos, porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.

Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido, seremos capaces de vivir cada día cómo si fuera el primero y cada noche cómo si fuera la última.

http://tomalapalabra.periodismohumano.com/2012/10/15/para-la-esperanza-por-eduardo-galeano/

¡Si pudiera ser yo misma…!

Hay quien dijo: «yo soy yo y mis circunstancias»

Y esas circunstancias nos van acotando, reprimiendo nuestros sentimientos, o al menos la manera de expresarlos, llegando a un punto en que somos lo que los demás esperan que seamos, políticamente correctos, asépticos, sólo amables, sin poder expresar nuestros sentimientos como desearíamos, dejándolos encerrados en nuestro interior pugnando por salir pero con una coraza de acero imposible de romper.

Si pudiera ser yo misma…

Pero ya desde la niñez, la educación en colegio religioso con unas normas rígidas y claustrofóbicas, no sólo físicamente sino sobre todo emocionalmente, te conducen a reprimir esas manifestaciones, esos impulsos naturales e inocentes pero que intentan convencerte (y al fin lo consiguen) de que debes reprimir por pecaminosas o poco convenientes, ya sean de alegría, de emoción, de agradecimiento, etc.

Y tú piensas: si pudiera ser yo misma…

Pero luego llega la adolescencia, los complejos, los propios de esa edad y los que han sembrado en tu mente con anterioridad, que te cohartan y te impiden expresarte y relacionarte como desearías.

Y la sociedad y tu entorno te dictan la forma «correcta» de comportarte, la represión de tus sentimientos para ser una persona bien considerada, por los demás, claro! pero y qué pasa contigo?

Pues que tú sigues pensando: si pudiera ser yo misma…

Vas avanzando en la vida, encuentras una pareja a la que no gustan ciertas actitudes o manifestaciones de tus sentimientos hacia los demás y tú, por la buena convivencia, evitas mostrar esos sentimientos  siendo «socialmente correcto», sigues reprimiéndote como tan bien te han enseñado a hacerlo.

Y piensas más que nunca: si pudiera ser yo misma…

Pero la coraza ha ido creciendo, cada vez más gruesa y difícil de romper.

Lo malo es que todo este proceso ha sido muy sutil, con una progresión tan suave y lenta que apenas te has dado cuenta de ello.

Hasta que llega un momento en que reflexionas y tomas más conciencia de ello y deseas más que nunca romper la coraza, encontrar fisuras por la que sacar tus sentimientos, y piensas:

Si pudiera ser yo misma…

Si pudiera ser yo misma, acudiría a esa amiga con la que sintonizo, lo mismo a pedirle consejo o consuelo como a consolarla, apoyarla, animarla en sus horas bajas, compartir tanto sentimientos positivos y alegres como los negativos y pesares, sin ningún temor ni reparo en expresar lo que siento ni en manifestarle mi cariño

Si pudiera ser yo misma, expresaría mi agradecimiento a esa persona amiga no con un simple «gracias» sino haciéndole ver que ese momento de confidencias, esas palabras de consuelo han significado un mundo infinito de sensaciones, unos momentos maravillosos, a veces un renacer de nuevo de mis cenizas interiores, sin miedo a que mi demostración de agradecimiento sea malinterpretado, sin distinción porque esa persona sea de mi mismo sexo o de otro.

Y como me doy cuenta de que esa persona amiga está también influenciada por las circunstancias, interpretaré sus palabras de ánimo no como un simple detalle de amabilidad sino viendo lo que hay en su interior, los sentimientos que han hecho brotar esas palabras simples, el cariño y sinceridad que llevan escondidas, ocultas tras la coraza de las circunstancias.

Si pudiera ser yo misma…

Diría a esa persona amiga cuánto significa su amistad, hasta cuánto ha cambiado mi vida, iluminando mis negras tinieblas, alegrando mi corazón, le diría cuánto significa para mí, lo eternamente agradecida que le estoy, el enorme valor de cada palabra suya de ánimo, de cada minuto que ha pasado conmigo, de cada confidencia suya, de su comprensión, etc., todo ello sin miedo a ser malinterpretada, ni por ella ni por su entorno o el mío ni por mí misma.

¡Si pudiera ser yo misma…!

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