¡Así nos va! (bueno, a ellos)

Ante todo he de aclarar que se trata de un cuento (tomado de aquí) y de un país lejano, así que, presuntamente, todo parecido con el mundo real será mera coincidencia.

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El Rey y el campesino

Este es el burro, no el rey

Había una vez un rey que quería ir de (pesca) caza.
Llamó a su pronosticador del tiempo y le preguntó el estado del mismo para las próximas horas.
Éste lo tranquilizó diciéndole que podía ir tranquilo pues no llovería.
Como la novia del monarca vivía cerca de donde éste iría, se vistió con sus mejores galas.
Ya en camino se encontró con un campesino montado en su burro quien al ver al rey le dijo:
“Señor es mejor que vuelva pues va a llover muchísimo.”
Por supuesto el rey siguió su camino pensando:
“¡Qué sabrá este tipo!, si tengo un especialista muy bien pagado que me dijo lo contrario. Mejor sigo adelante.”
Y así lo hizo… y, por supuesto llovió torrencialmente.
El rey se empapó y la novia se rió de él al verlo en ese estado.
Furioso volvió a palacio y despidió a su empleado.
Mandó llamar al campesino y le ofreció el puesto pero éste le dijo:
“Señor, yo no entiendo nada de eso, pero si las orejas de mi burrito están caídas quiere decir que lloverá”
Entonces el rey contrató al burro.
Así comenzó la costumbre de contratar burros como asesores que desde entonces tienen los puestos mejor remunerados en los gobiernos.

Carrozas

¡¡Busco carroza en WordPress!!

No es que me cree ningún terrible trauma pero me da la impresión de que, desaparecido de escena Enrique Tarragó, quizá sea yo el más carroza de cuantos nos movemos por estos lares, rincones o callejuelas que forman este entramado de WordPress.

O dicho de otra manera ni más dulce ni más tierna ni más suave, simplemente de otra forma, que vengo a ser el abuelo cebolleta, el más antiguo, el más viejo, algo así como un dinosaurio escapado de aquella extinción inexplicada, un extraño personaje nacido allá en la primera mitad del siglo pasado. Algo así como 50 años mayor que Ketsalli, 40 más que Henar, 30 más que Silvia, 25 más que Ana y unos cuantos más que Marcial, Antonio, Chus, Marbel y un largo etc.

Por eso es por lo que busco otro carroza, otra persona, (otra de las entrañables personas que nos movemos por aquí, je, je) que también haya nacido en la primera mitad del siglo pasado para no sentirme un bicho “raro y único en su especie” sino simplemente un bicho raro y escaso pero no único, un ser a proteger por estar en peligro de extinción, aunque a largo plazo, espero.

Ahora llega la hora de los comentarios de consuelo, conmiseración, adulación, etc. del estilo de “estás muy bien (para tu edad por supuesto)” “Lo que cuenta es la edad del corazón” y otras por el estilo que traducidas vienen a significar lo mismo: “Parece mentira que siendo tan viejo todavía te mantengas en pie y además con ganas de decir decir chorradas”. Pero ese capítulo de comentarios está cerrado y no por defunción precisamente.

Simplemente quería saber si quedaba alguien por estos blogs nacido en la primera mitad del siglo pasado, sin especificar edad, que eso queda un poco feo.

Aunque puestos a tratar de y con carrozas, mejor me quedo con la carroza de cenicienta para ver si la magia se mantiene después de las doce o mejor después de los setenta, después de los ochenta, o de los noventa incluso…

Así que monto en la carroza y a seguir paseando y chocheando por estos andurriales mientras haya quien me soporte.

Y vosotros todos,

¡Cuidaos, vivid la vida intensamente y procurad ser muy felices!

 

Amor ardiente

Muero por verte

decía la mengana

y por besarte.

Y el mengano

ardía de impaciencia

ante el encuentro.

Ya son cenizas

monumento postrero

de amor ardiente.

Indirectas (kaiku-aundis)

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Tus indirectas

siempre se las apropia

quien tú no quieres.

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Casi siempre se cumple

aunque no hay leyes.

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Se presupone

que se siente aludido

quien culpa tiene.

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Así que haces diana

sin que te enteres.

Ella tenía razón

¡Yo no paro!, dijo él,

y tú,  ¡no paras aquí!

¡Yo sí paro!, dijo ella,

¡aquí mismo!.

Y efectivamente parió

allí mismo.

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¡Feliz lunes, feliz semana!

La vida

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– ¡La vida es como un puñado de cerezas!

 – ¿Por qué dices eso? ¿En qué se parecen?

– ¡Eso tú lo sabrás, tú eres el filósofo!

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Quiero cerezas pa’ mi tristeza.
Un mordisquito y yo pierdo la cabeza… Seguir leyendo “La vida”

El gusto es mío. (kaiku-aundi)

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Mi enhorabuena

por demostrar buen gusto

al visitarme.

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Vosotros me encantáis

el gusto es mío.

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Paseo por la lengua española.

Rememoro con frecuencia aquel paseo imborrable, aquella primera vez en que me invitaste a visitar una biblioteca, visita que repetimos una y otra vez; ¿recuerdas aquella primera vez?

Entramos agarrados de la mano, tu me ibas mostrando todos aquellos maravillosos lugares que yo observaba embobado, con nombres variopintos y distribuidos en espacios por similitudes: lengua y literatura, historia, filosofía, novelas de aventuras, de ciencia ficción, otros sobre religiones, etc. etc.

Pero, me dijiste, vamos a comenzar un paseo por un espacio muy especial que hará que entiendas mejor todos los demás y tras recorrer largos paseos exclamaste: ¡aquí está!  y tomándome de la mano me hiciste entrar en aquel extraño para mi pero maravilloso espacio en cuya entrada, con letras de oro se leía “Lengua castellana o española”.

Era como un inmenso jardín formado por floridas palabras, algunas ya conocidas, otras cuyo significado fui comprendiendo poco a poco con tu ayuda y asesoramiento. Yo no me atrevía casi a tocarlas pero tú dijiste que no había que temerlas, que para conocerlas había que tomarlas, manejarlas, jugar con ellas, entre ellas, en ellas.

Escogimos algunos verbos, sin ellos poco se puede hacer, dijiste, algunos de los más cercanos, abrazar, acariciar, amar, besar, de momento suficientes para comenzar a saborearlos, practicarlos, asumirlos como algo natural y propio.

Tras practicar un rato con los abrazos, acción de abrazar, pensamos que sería bueno añadir el segundo, besar, pero en ese momento se cruzó una conjunción disyuntiva, “o” que nos impedía disfrutar de ambas cosas a la vez, por lo que la hicimos rodar y la sustituimos por otra más bonita y comprensiva “y”, llamada copulativa.

Así pudimos practicar juntamente abrazar y besar, abrazos con besos, cosa que me encantaba, cada vez me gustaba más, por lo que probamos a añadir otra más: acariciar, con lo que las sensaciones y agrado iban en aumento, más todavía cuando de pronto hizo aparición una nueva palabra, “anatomía” que nos invitó a conocerla y recorrerla junto con los abrazos besos y caricias.

Nos despojamos de ropas y reparos y recorrimos mutuamente nuestra anatomía, abrazándola y llenándola de besos y caricias de arriba a abajo y en toda dirección, una y otra vez para aprenderla muy bien, cada rincón, sin olvidar ninguno de ellos.

Con tanto paseo y movimiento fuimos conociendo muchas otras palabras que se nos cruzaban y enlazaban, como sentimientos, sensaciones, emoción, amor… Incluso preposiciones y adverbios se iban mezclando y participando en el juego: bien, encima, debajo, ahí, ahora… hasta que también las interjecciones y signos de admiración intervinieron en el juego: ¡oh!, ¡Sí!, ¡ahí, si!, todas bailaban a la vez, arriba, abajo, besos, caricias, adentro, afuera, empujar, ¡oh!, ¡Qué bien!, ¡Delicioso!, ¡Ah!, ¡Oh!, ¡Si, sí!, ¡ahhhhhh!

Con tanta interjección, adverbios, signos de admiración, caímos sobre una bonita palabra que aunque la veía por primera vez enseguida la comprendí y acepté gustosamente, éxtasis se llamaba y sobre ella y con ella conocimos el significado de otras muchas: pasión, séptimo cielo, orgasmo, eyaculación y muchas más que sería largo de enumerar.

Perdimos la noción del tiempo envueltos en aquel éxtasis, disfrutando de placer, sentimientos, sensaciones, deseo, amor, pasión, quedándonos al fin con unas pocas palabras: abrazo, cariño, anatomía, besos, agradecimiento, tumbados sobre otras agradables como descanso, relax, satisfacción…

Al rato recuperamos alguna otra como sentidos, noción del tiempo, ropa, hambre, por lo que ordenamos todas aquellas palabras y dimos por concluída aquella para mí primera lección de lengua española.

Ni que decir tiene que tras aquella primera lección vinieron muchas más ampliando nuestros conocimientos mutuos, cada una más placentera que la anterior pues es bien sabido que la lectura crea adicción, que un capítulo llama al siguiente y así sucesivamente, si el tema es atractivo como así sucedía.

Aprendimos a combinar palabras creando sensaciones más profundas y placenteras, a recrear bellas escenas en forma de poesía, sencillas en sus comienzos, mejorando poco a poco y aún seguimos en la tarea de perfeccionar las formas y el estilo.

–ooOoo–

Os recomiendo que vayáis conociendo a fondo esta lengua, cuidando sus formas, tratándola con el cariño y respeto que merece, procurando dejar cada coma, cada punto, cada letra en su lugar correcto; seguro que os resultará placentero, no os defraudará y todos los que la amamos os agradeceremos que así lo hagáis.

Unicornio azul.

En estos días de carnaval, de ilusión y de cambios de personalidad, de disfraces de todo tipo, un derroche a veces de imaginación, un tratar de vivir aunque sea unas horas en otro mundo desinhibido y alejado de la realidad, os deseo que esa evasión de los problemas diarios dure más allá de estos días.

Yo también estoy buscando mi unicornio azul para cabalgar por un mundo mágico de ilusión, de imaginación y de relax que al menos el rato que pasemos en este blog nos resulte un oasis donde reponernos del duro paso por ese desierto del día a día.

Os dejo disfrutar de la maravillosa voz de Silvio Rodriguez y su canción “El unicornio azul”

Y encontrado ya el mío, os invito a volar por esos mundos mágicos.

¡Vamos pues, adelante! ¡¡Arre, unicornio!!

¡Cuidaos, vivid la vida y procurad ser muy felices!

Manuales de instrucciones

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Manual de instrucciones: es ese librito que se lee después de haber puesto en marcha cualquier aparato o ensamblado todo, o ante la imposibilidad de hacerlo.

Porque ¿quién lee las instrucciones antes de intentar poner en marcha o intentar montar lo que sea?

Ya sé que pone claro que primeramente hay que leer las instrucciones pero eso no va con nosotros; lo lógico es hacer trabajar la mente, la imaginación, el sentido común, la creatividad, demostrar que somos capaces de hacerlo y una vez logrado leer las instrucciones por si hubiese algún pequeño detalle  o función que se nos haya pasado por alto.

Siempre había pensado que así debía ser, que eso hace trabajar la mente y la imaginación, pero de  un tiempo a esta parte he ido cambiando de opinión porque viendo los libros de instrucciones, sobre todo siendo traducciones ¿hay algo que ejercite más la mente e incluso la imaginación que tratar de comprender esas instrucciones?

El reto máximo a la inteligencia es muchas veces tratar de conseguir que algo funcione siguiendo al pie de la letra el dichoso libro de instrucciones, de traducción libre al español.

Así que, si queréis no complicaros demasiado ni hacer trabajar demasiado a la materia gris, podéis hacerlo a la manera clásica dejando a un lado el librito de marras hasta que terminéis el montaje o puesta en marcha.

Pero si de verdad queréis hacer un auténtico test de inteligencia, demostrar que la vuestra es capaz de superar grandes retos, tomad ese libro de instrucciones traducido de otro idioma y seguidlo al pie de la letra; os sorprenderá el resultado.

Ya nos contaréis el resultado; pienso que en el psiquiátrico no os pondrán muchas trabas para hacerlo.