Derechos e igualdad, igualdad de derechos.

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Se celebra hoy el Día Internacional contra la LGTBIfobia, por la igualdad de derechos de Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales cuando se cumplen 27 años del día en que la la Organización Mundial de Salud “desclasificó” la homosexualidad como una enfermedad mental.

Pero todos sabemos que todavía hay muchas personas que no lo admiten así e incluso los persiguen, acosan y maltratan  y muchas organizaciones que todavía la consideran como una enfermedad, sobre todo en círculos religiosos extremistas a nuestro alrededor, no lejanos, y hasta organizan tratamientos para curarla además de anatematizarla considerándola un pecado contra lo más sagrado, siendo públicas y notorias las manifestaciones en ese sentido de varios altos cargos de la Iglesia Católica.

Así que contribuyo con mi granito de arena para visibilizar con naturalidad a todas esas personas que son discriminadas y aun atacadas y perseguidas por sus orientaciones sexuales y estoy hablando de España, no de ningún país lejano o tercermundista (bueno eso habría que matizarlo), España que ha caído a la novena posición entre los paises europeos en cuanto a la situación de los derechos humanos de los colectivos LGTBI.

Hora es ya de que todos pongamos nuestra parte para que dejen de ser invisibles y todos seamos iguales en derechos y consideraciones, sin etiquetas ni distinción alguna por motivo de nuestra orientación y elección sexual.

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¡JUSTICIA!

Lo siento; hoy rompo las normas: como ya he comentado alguna vez, me propuse que este blog iba a ser un remanso donde descansar de las injusticias y abusos de la vida diaria, para eso ya tenía otros blogs, pero hay ocasiones que es difícil abstraerse y que las injusticias y abusos no te salpiquen todo tu ser.

Por eso y aun siendo viernes, habitualmente de disfrute musical, no puedo menos que traer este artículo sobre los abusos, contra las mujeres principalmente, en México hace diez años. Lo peor de todo es que no es un caso aislado sino que por desgracia día a día se machaca y se oprime de mil formas a cual más cruel a los débiles cuyo escalón más bajo son las mujeres pero precisamente por demostrar su fortaleza y valentía al no dejarse robar, ningunear, abusar, por parte de los poderes económicos y públicos con tal impunidad que incluso como en este caso, el principal culpable ocupa luego la presidencia del país..

¡Mi homenaje y admiración por todas ellas, de cualquier raza y en cualquier país!

 

A Yolanda Muñoz la detuvieron en la azotea de una casa y la pusieron de rodillas. A su lado había una pila de cuerpos amontonados, golpeados y ensangrentados.

Todavía recuerda las botas negras de sus agresores, el encono de sus golpes: casi siempre pegaban en la espalda y en la cabeza, dice.

Los policías la subieron a un autobús tipo escolar junto a otras mujeres y hombres que, al igual que ella, creían que iban a morir. Y en cierto sentido no se equivocaba: en ese viaje de cinco horas que hicieron desde Texcoco —un municipio en las afueras de Ciudad de México— a distintas cárceles, a muchas de las detenidas les mataron una parte de ellas mismas.

A algunas le mordieron los senos, les pellizcaron los pezones. A una mujer la obligaron a darle sexo oral a varios policías. A otras las penetraron con los dedos o con objetos. Mientras los policías las golpeaban, las manoseaban y las denigraban, algunas eran forzadas a contar chistes para entretenerlos. A Yolanda Muñoz le hicieron mantener el equilibrio mientras sostenía una granada falsa en las manos.

Ella es una de las víctimas de las detenciones arbitrarias y torturas sexuales cometidas por fuerzas del Estado mexicano en mayo de 2006, cuando el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, ordenó un operativo para reprimir a un grupo de manifestantes.

Tras una exhaustiva investigación de años, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictaminó que el gobierno mexicano no solo fue incapaz de otorgarles justicia a estas mujeres, sino que ese mismo sistema de justicia quebrado muchas veces persigue a sus propias víctimas. En su dictamen, la CIDH también exhortó a realizar una investigación completa para determinar a todos los responsables, y un posible encubrimiento de los hechos.

The New York Times entrevistó a las once mujeres que consiguieron que el caso trascendiera las fronteras de México —algunas de las cuales hablaron por primera vez públicamente sobre los abusos que sufrieron hace diez años—, que relataron el trauma y el dolor con el que han convivido desde entonces.

El operativo policial del 3 y 4 de mayo del 2006 tenía como fin acabar con un movimiento de protesta que había nacido de la oposición al proyecto de un nuevo aeropuerto en San Salvador Atenco —a unos 50 kilómetros de Ciudad de México—, pero se había convertido en catalizador de otras luchas de reivindicación social.

La represión ordenada por el gobierno terminó con la muerte de dos personas, más de 200 detenciones y decenas de heridos graves. Los agentes de seguridad que participaron fueron acusados, entre otras violaciones a los derechos humanos, de torturar sexualmente a más de 20 mujeres.

Once de ellas decidieron denunciar los hechos y luchar por justicia, pero se vieron obligadas a llevar su caso a una instancia internacional después de toparse con trabas en la investigación de sus denuncias, e incluso con la difamación de autoridades locales, incluyendo al entonces gobernador Enrique Peña Nieto.

En junio de 2006, un mes después de los hechos, Peña Nieto llegó a declarar a la prensa que la “fabricación” de acusaciones era una táctica conocida de grupos radicales, y que ese podía ser el caso de las mujeres que denunciaban violaciones por parte de la policía, con el objetivo de desacreditar al gobierno.

Más de una década después, la CIDH no solo ha emitido su dictamen a favor de las víctimas, sino que el sábado pasado envió el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que podría obligar al Estado mexicano a establecer responsabilidades en toda la cadena de mando involucrada en los hechos, lo que incluye al entonces gobernador del estado que ordenó el operativo, hoy presidente de México.

La oficina del presidente ha dicho por su parte que la CIDH no responsabilizó a Peña Nieto ni lo ha nombrado explícitamente como un objetivo de la investigación. Más allá de eso, sostienen, los casos judiciales en México nunca lo han hecho responsable de las agresiones sexuales a las mujeres.

‘Me quitaron la mitad de mi vida’

Suhelen Cuevas soñaba con ser periodista y llegó a San Salvador Atenco el 4 de mayo del 2006 para cubrir los enfrentamientos que habían ocurrido la noche anterior en el municipio.

Edith Rosales era asistente médica, tenía 48 años, y había llegado a Atenco con una brigada de auxilio para atender a los heridos de la noche del 3 de mayo.

Norma Jiménez y Claudia Hernández eran estudiantes, y estaban allí para documentar lo sucedido: Norma para la revista “Cuadernos Feministas”, Claudia para estudiar movimientos sociales.

Patricia Torres también era estudiante: estaba escribiendo su tesis sobre el movimiento social de protesta en Atenco.

Bárbara Italia Méndez había llegado allí con una organización que atiende a menores en riesgo.

Cristina Sánchez acompañaba a sus hijos a la escuela y se dirigió después al mercado a realizar compras. Ana María Velasco había ido al mercado de Texcoco para hacer unas compras con su hermano y su cuñada. Yolanda Muñoz iba con su hijo caminando por la calle rumbo a Texcoco.

Patricia Romero había llegado al mercado Belisario Domínguez para trabajar con su hijo y su padre en el negocio familiar que tenían allí.

Mariana Selvas acompañaba a su padre a ofrecer sus servicios médicos en San Salvador Atenco.

Ese fue, para cada una de ellas, el último momento en que fueron tal como eran, antes de que sus biografías se partieran en dos.

De las más de 20 mujeres que fueron apresadas y torturadas sexualmente durante los enfrentamientos en mayo de 2006, las once que decidieron seguir con sus casos y llevarlos hasta una instancia internacional no solo comparten una misma lucha para que se reconozcan —y se castiguen— los abusos cometidos, sino también el intento por recuperar el control de sus vidas.

En la última década algunas de ellas encontraron en esta cruzada un nuevo propósito. Varias, con el apoyo de sus seres queridos, lograron salir adelante y continuar. Otras no corrieron con la misma suerte.

Algunas dejaron de estudiar y abandonaron sus proyectos. Perdieron parejas, inclusos sus hijos se alejaron de ellas, o sus seres queridos no lograron entender nunca ni adaptarse al trauma tan particular de una víctima de tortura sexual.

Para todas ellas la intimidad sexual es, en el mejor de los casos, un desafío; en los peores días, un suplicio.

A sus 30 años, prácticamente el único contacto físico que Suhelen puede mantener con naturalidad con su pareja es tomarse de la mano.

“Me quitaron la mitad de mi vida”, dice hoy, en la primera entrevista que da a algún medio desde que fue detenida y abusada por policías cuando era una estudiante de 19 años.

Sus ojos azul intenso se empañan con lágrimas, pero de pronto se abren de emoción y gratitud con la rapidez de la euforia: al menos vivió para contarlo, dice.

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De izquierda a derecha, arriba: Patricia Torres Linares, 33 años; Norma Jiménez Osorio, 33 años; María Patricia Romero Hernández, 48 años, y Mariana Selvas Gómez, 32 años. De izquierda a derecha, abajo: Yolanda Muñoz Diosdada, 56 años; Cristina Sanchez Hernández, 50 años; Edith Rosales Gutiérrez, 60 años, y Claudia Hernandez Martinez, 33 años. Credit Fotografías por Daniel Berehulak

‘No me atreví a decírselos’

“Es como si te hubieran matado”, dice Mariana Selvas, que al momento de ser detenida tenía 22 años y era estudiante de Etnología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. “Y puedes quedarte muerto en vida con el miedo, con el dolor que no se quita, con el recuerdo, o puedes, aun con lo que pasó, tratar de encontrar un camino y la fuerza, tratar de vivir aun sin quitarte aquello que te mató en ese momento”.

Mariana fue detenida, golpeada, torturada sexualmente y tuvo que permanecer en la cárcel un año y ocho meses.

Después de haber sido abusadas durante el operativo, estas mujeres pasaron en prisión desde ocho días hasta dos años y ocho meses, acusadas por delitos que iban desde ataques a las vías de comunicación o ultraje y portación de armas hasta uso de explosivos y secuestro equiparado.

En estos años aprendieron que en un país donde el machismo atraviesa conductas sociales y culturales, el hecho de haber sido violadas sexualmente constituye una doble carga, un doble estigma. Y también una doble soledad.

Para Norma Jiménez seguir con el caso le ganó el rechazo de su padre, quien trata de desalentarla de continuar la batalla legal.

“Lo avergüenza”, dice.

A Patricia Romero, la vergüenza y el dolor de haber sido abusada sexualmente por varios policías le impidió compartir lo que le había sucedido con su padre y su hijo, que también fueron detenidos ese día, por miedo a causarles más daño.

“No me atreví a decírselos, los hubiera matado”, dice.

“Todavía recuerdo las voces de los tres o cuatro policías. Me acuerdo de cada detalle, los gemidos, el jaloneo. Todo es tan difícil”.

Tampoco tuvo la confianza para decírselo entonces a su esposo, ya que este en distintas ocasiones le preguntaba: “¿Verdad que a ti no te violaron?”.

Patricia trata, sin lograrlo, de contener el llanto.

“Yo hubiera esperado que me dijera: ‘No te preocupes, ya pasó’. Yo quería recargarme en él en ese instante, y eso nunca pasó”.

Patricia tiene 49 años y confiesa que, aún después de tantos años, no es capaz de llevar una vida sexual plena.

“¿Cómo podría disfrutar algo que antes me hacía feliz y que me destruyó?”, dice. Hoy, en esta entrevista, ha decidido revelar por primera vez los detalles de su abuso a sus seres queridos. “Ya es tiempo de que lo sepan todo”, dice.

Ella tenía 38 años cuando fue detenida en el mercado Belisario Domínguez en Texcoco. Después de ser arrestada arbitrariamente, torturada y abusada, estuvo en prisión dos años y ocho meses. Hoy todavía sufre hemorragias vaginales e hipertensión como consecuencia de la violación y los golpes recibidos durante su detención.

‘No somos las violadas de Atenco’

Claudia Hernández era estudiante de política en la Universidad Autónoma de México (UNAM) y documentaba en Atenco la represión de las fuerzas de seguridad estatales a los jornaleros que se oponían al proyecto del aeropuerto.

Después de ser brutalmente golpeada hasta quedar casi inconsciente, fue trasladada al Centro Preventivo y de Readaptación Social Santiaguito. En el trayecto a bordo de un autobús con decenas de mujeres golpeadas fue torturada sexualmente por un policía.

“Ese día marcó mi vida, y lo único que quería hacer después era lastimarme”, dice.

A Claudia la corrieron de la casa de estudiantes donde vivía, nunca logró terminar su tesis y perdió a su pareja.

“Me siento tan chiquita comparada con lo que era. Me pregunto: ‘¿Qué he hecho en estos diez años?’”, se pregunta Claudia, cuya complexión diminuta contrasta con la fuerza de su voz y de sus gestos. “Supongo que sobrevivir”.

Patricia Torres tenía 23 años y escribía su tesis sobre el movimiento social de protesta de los pueblos unidos de San Salvador Atenco. Su cuerpo quedó cubierto de moretones por la golpiza que le dieron cuando la detuvieron. También fue abusada por los policías.

Después de pasar varios días en la cárcel, bebía sin control, se volvió paranoica y terminó dejando la universidad. No recuerda mucho lo que hizo durante el primer año después de la agresión. Lo único que recuerda es lo que no hacía: no salía a la calle, no reía, no hablaba, no convivía.

“Me robaron mi carrera, mi sueño de ser académica. Pensaba que la culpa de todo lo que me pasó era de los libros, así que nunca quise volver a la universidad”, dice.

Ni Patricia ni Claudia ni Suhelen terminaron sus estudios.

Ana María Velasco, de 43 años, llora cuando recuerda lo mucho que disfrutaba bailar, y lo introvertida que ahora se reconoce.

Claudia Hernández dejó de ser una luchadora social.

Suhelen Cuevas no se volvió periodista.

Bárbara Italia Méndez no volvió a soñar con ser mamá.

Yolanda Muñoz, que es viuda y perdió su trabajo al salir de la cárcel, solo puede mandar a uno de sus cinco hijos a la universidad después de los gastos que tuvo que afrontar su familia para sacarla de prisión.

“Yo no tengo una carrera, ¿qué puedo hacer? Por mis antecedentes nadie me da una recomendación de trabajo,” dice Yolanda, quien fue detenida cuando iba a vender tela al mercado de Texcoco.

Incluso diez años después, la angustia, el estrés del proceso legal y el miedo a las represalias ocasionaron que los hijos de Cristina Sánchez se alejaran de ella y se mudaran de su casa hace apenas un par de meses.

“Me pedían que dejara de hablar y pensar en lo que pasó porque les afectaba mucho, les daba miedo lo que podría pasar y tristeza recordar lo que ya había sucedido”.

Pero la decisión de estas once mujeres de continuar con la batalla legal les confirió un nuevo sentido de vida y una forma —a veces liberadora— de lidiar con el dolor.

“Me di cuenta de que había encontrado el propósito de mi vida,” dice Bárbara Italia Méndez, quien ha compartido su experiencia en múltiples espacios públicos, y se ha vinculado con otras víctimas de tortura sexual en América Latina.

Su mirada inteligente se ve diáfana a través de sus lentes. Ella es consciente de su racionalización del dolor.

Como una hermandad, todas ellas han logrado usar su coraje y sufrimiento como combustible para persistir en la búsqueda por justicia y así lograr, finalmente, una rara victoria de rendición de cuentas.

“No somos las violadas de Atenco, somos las mujeres que sobrevivieron y superaron lo que pasó en Atenco, yo sigo siendo yo, no soy esa etiqueta”, dice Suhelen, quien hoy en día surfea todas las mañanas en su ciudad natal de Los Cabos, en Baja California.

Abre la ventana

 En el 43 aniversario del asesinato de Víctor Jara, siguiendo sus reflexiones no quiero recordar ese hecho tan horrible del que ya hablarán, ya hablaremos, estos días en muchos otros lugares y escenarios .

Aquí quiero traer su recuerdo positivo, un trocito de su arte, de su música y de su alegría de vivir pues “nuestra vida no ha sido hecha para rodearla de sombras y tristezas”.

Abramos la ventana, todas las ventanas de nuestra vida, de nuestra alma, para que entre el sol y el aire, la luz y la alegría iluminando cada rincón; dejemos que entre también el polvo y que se pose para poder dibujar sonrisas y demás cosas bellas por doquier.

Víctor, en tu honor abrimos la ventana para que tu música y tus palabras se escuchen y permanezcan, para que tú permanezcas a nuestro lado, siempre.

Ver letra: Seguir leyendo “Abre la ventana”

Ambición

La ambición anda suelta

el hambre de poder es su alimento

hambre que nunca se sacia

hambre que nunca descansa

hambre que provoca hambre

esclavitud, muerte, miseria.

Ambición que inventa dioses

religiones, leyes y excusas

para dominar, poseer, robar

bienes y fortunas, cuerpos y almas.

Ambición que dibuja fronteras

crea ejércitos, iglesias, policías

reprime y encarcela cuerpos y mentes.

Ambición que enfrenta personas

pueblos, naciones y razas

para que nadie discuta su poder.

Ambición que destruye lo que desea.

Ambición insaciable

¡si al menos reventase por su hartazgo!

Desaparecidos

Como complemento a mi entrada anterior y como denuncia de los abusos de cualquier dictadura del signo o del país que sea, traigo aquí esta canción de Rubén Blades, “Desaparecidos”.

“¿A dónde van los desaparecidos?
Busca en el agua y en los matorrales.
¿Y por qué es que se desaparecen?
Porque no todos somos iguales.
¿Y cuándo vuelve el desaparacido?
Cada vez que lo trae el pensamiento.
¿Cómo se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro”.

Mi deseo es que nada parecido pudiera suceder en ningun país ni parte del mundo pero ya que esto no es así, aquí va mi pequeño homenaje a las víctimas, a los desaparecidos.

.

Ver letra de

DESAPARICIONES (Rubén Blades) Seguir leyendo “Desaparecidos”

Derecho a elegir con quién compartir almohada.

Comienza el fin de semana, tiempo de disfrutar la vida un poco más libres de la rutina diaria, de disfrutarla de forma más desenfadada o loca y es lo que os deseo a todas: que podáis hacerlo sin trabas de ningún tipo.

También el domingo día 8 dicen que es el día de la mujer trabajadora o simplemente el día de la mujer.

Pero no os voy a felicitar exactamente por eso sino que siguiendo mi máxima de hablar de y a personas, sin distinción de sexo, OS FELICITO A TODAS (PERSONAS) POR ESE DÍA DE LA IGUALDAD, sin distinciones por sexos ni tampoco por orientaciones sexuales.

Todas somos iguales en derechos, tanto a la vida como al trabajo en las mismas condiciones y cómo no, en derecho a elegir a quién amar, si en el amor es posible decidir, o con quién acostarse.

Es una aberración que en el siglo veintiuno se pongan impedimentos de ningún tipo a amar y relacionarse libremente entre personas, sean del sexo que sean; y no hablo de países extraños o intransigentes sino de nuestros países que llamamos modernos y civilizados.

No quiero extenderme, simplemente quería dar un empujoncito para conseguir esa igualdad, ese derecho a amar y tener sexo con quien cada una quiera.

Y como el mensaje es mejor con música, os dejo esta instructiva canción de Mago de Oz titulada “El que quiera entender que entienda.”

Os deseo un feliz fin de semana a todas con mi consejo acostumbrado:

¡¡Cuidaos, vivid la vida y procurad ser felices y disfrutar con quien queráis!!

.

.

El que quiera entender que entienda

(Mago de Oz)

Cuánto he de esperar
para al fin poder hallar
la otra mitad de mí
que me acompañe a vivir
Nadé tiempo en un mar
de apariencia, y ahogué el amor
no se puede ocultar
el perfume de una flor
Cuánto me cuesta sobrevivir
cuánto sonreír
sin poder quitarme el antifaz
que me disfraza de normal
Y volveré a buscarte
allí hasta donde estés
tan sólo quiero amarte
y poder tener
alguien en que apoyarme
alguien en quien volcar
todo el amor que cercenó el qué dirán…
No más miedo a entregar
mis labios sin antes mirar
no más miedo a acariciar
nuestros cuerpos y soñar
A la mierda con
el armario y el diván
y si hay que luchar
luchar es educar
Que en asuntos del corazón
no hay regla de dos
que somos distintos, somos iguales
no más guetos, alza la voz
Y cuando llegue el final
el otoño de nuestro amor
yo te esperaré, mientras, vive
y lucha por tener
Derecho a elegir
con qué cabeza tu almohada compartir
orgulloso de ser quien eres
y no como deberías ser
Cuánto me cuesta sobrevivir
cuánto sonreír
sin poder quitarme el antifaz
que me disfraza de normal.

Ventanas sin cadenas.

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Sus ojos…

mágica luz que ilumina las sombras

de su forzada noche interior

con invisibles cadenas. 

.

Sus ojos…

mar infinito donde vierten sus aguas

caudalosos ríos con sus pensamientos,

desbordados torrentes de sentimientos,

tumultuosas cascadas de anhelos y sueños,

lluvias y tormentas de alegrías y penas,

raudales de vida.

.

Sus ojos…

vía de doble sentido,

balcón abierto al mundo,

mirador hacia su alma.

.

Sus ojos…

ventanas que nunca

podrán encadenar.

Contra la violencia de género tolerancia cero.

Traigo este impactante cortometraje sobre la violencia de género que me ha dejado casi sin palabras.

No voy a comentar casi nada, simplemente os pido que respiréis profundamente y lo veáis reflexionando sobre el tema y sobre cuántas situaciones consideramos normales o de menor importancia o que no nos atañen porque “las cosas son así”…

Simplemente pido:

¡Tolerancia cero contra la violencia de género, desde el primer síntoma!

Pido disculpas si os hago pasar un mal rato, confío en que lo comprenderéis.

Con ojos de niño

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Soy un niño

nada más y nada menos.

Un niño, completo

no un pequeño adulto.

Un niño

con ojos de niño

imaginación de niño

ilusiones de niño

sentimientos de niño

tan importantes como los tuyos

y derechos de niño

que debes respetar.

Si me quieres comprender

mírame con ojos de niño

si me quieres juzgar

piensa como un niño

siente como un niño.

Si me quieres ayudar 

métete en mi mundo

y verás mis necesidades.

Así verás el camino apropiado

para pasar a tu mundo

cuando deje de ser niño.

Mientras…

déjame ser un niño

nada más y nada menos

en mi mundo de niño.

.

–ooOoo–

.

Como regalo adicional qué mejor que un divertido vídeo sobre las hazañas de los niños.

Qué divertido cuando nos toca, verdad? Que lo disfrutéis.

Dejad que los muertos callen.

Con mucho gusto  publico este poema sobre la llamada Memoria Histórica, que me envía Venancio Pla .

!Gracias Venancio!

¡Dejad que los muertos callen!

Los muertos callan

en silencios que estallan

lanzando a los cuatro vientos

sus verdades escondidas

como bien dice Lucía (*).

Los muertos callan

en silencios que narran

historias de libertad,

de injusticias y venganzas,

sueños rotos e ideales

para siempre vivos

ahora mucho más actuales.

Dejad que los muertos callen

sus silencios explosivos

que nos salpican el alma,

nos esclarecen la mente

y nos motivan el habla.

Dejad que los muertos callen,

dejadlos con sus silencios;

hora es ya de los vivos,

la de gritar sus silencios. 

Ahora son nuestras voces

las que deben hablar alto

bien sea en prosa o en verso,

en letra escrita o en canto,

divulgando sus verdades,

sus recuerdos e ideales,

su lucha por la justicia.

Dejad que los muertos callen,

que sus silencios resuenen,

que se oigan en todas partes.

Silenciados en nombre de Dios,

y otros dioses terrenales:

religión, poder, ambición,

envidias, venganzas  y odios,

todos igual de falaces.

Dejad que los muertos callen,

que sus silencio se escuche

bajo el suelo y hasta el cielo,

silencio con tal estruendo

que ningún dios pueda acallarlo.

Venancio Pla, Abril 2014

(*) Lucía Sócam, “Verdades escondidas”