La poesía de los viernes.

Sonó el despertador provocando que el bulto bajo las sábanas se moviese lentamente, apareciendo por un extremo una mano seguida de un brazo desnudo que avanzó a tientas hacia la mesita de noche atinando a tomar entre sus dedos al causante de aquel alboroto matutino al que hizo callar de inmediato.

La mano con el artefacto volvió hacia las sábanas de donde iba surgiendo una cabeza envuelta en una maraña de pelo que otra mano trataba de retirar para despejar una cara somnolienta que a duras penas conseguía entreabrir dos ojos que se adivinaban azules y preciosos entre las legañas que los cubrían y que apuntaron hacia el artefacto diabólico haciendo que la boca dibujase un mohín entre molesto y resignado.

El despertador volvió a su posición inicial mientras que las sábanas iban dejando al descubierto el cuerpo de una muchacha joven, delgada y de melena rubia enfundada en un corto pijama estampado con unas espirales y un rojo corazón bordado en el pecho.

Se frotó los ojos y estiró los brazos desperezándose mientras se dirigía al aseo para aliviar su vejiga y a continuación a la cocina, dispuesta a desayunar.

Mientras esperaba que estuviesen a punto el café y las tostadas, revisó su correo y mensajes en su móvil y recordando que era viernes buscó una determinada página en internet y al no encontrar lo que buscaba miró su reloj y murmuró: ¡claro, aún es demasiado temprano!

Acabado el desayuno entró en la ducha humeante, saliendo en pocos minutos envuelta en un colorido albornoz que dejaba visibles sus bien torneados muslos; acabó de asearse y a continuación se vistió con rapidez, sin dudar en la elección de su atuendo, un vestido negro y una blusa blanca, sencillos pero que realzaban su esbelta y joven figura, completando su atuendo con un abrigo, dado que la temperatura en el exterior superaba escasamente los cero grados centígrados.

Tras una última y fugaz mirada al espejo de la entrada, que le dio su aprobación, salió a la calle para tomar el autobús que la llevara a su lugar de trabajo, para lo que no tuvo que esperar apenas puesto que en unos dos minutos llegaba a su parada con la suerte añadida de que venía casi vacío, permitiéndole el lujo de no sólo ir sentada sino de elegir su asiento preferido en la parte trasera y junto a la ventanilla.

Una vez acomodada y después de una larga mirada inspeccionando el autobús y sus ocupantes, deteniendo su vista en un muchacho que ocupaba un asiento al otro lado del pasillo y un poco más adelantado, miró el reloj y con un gesto de “voy a tener suerte”, sacó su móvil y de nuevo buscó en internet la página que le interesaba en ese momento, aquel blog que como ya conocía, cada viernes por la mañana transformaba las reflexiones en poesía y el último día laboral en un Viernes de poesía,  que ya había creado adicción en ella, algo así como el café con la diferencia de que esta adicción era semanal y la del café diaria pero dependía igualmente de ambas cosas para encontrarse en condiciones de afrontar la dura tarea laboral y personal.

Aquella poesía de cada viernes, además de alegrarle la mañana, de ser preludio y anuncio de que el asueto del fin de semana estaba al caer, además de ser un alimento para el espíritu y un soplo de aire fresco, aquellas poesías tan cargadas de sensualidad, de romanticismo, de erotismo otras veces y siempre de sentimientos llenos de ternura, le traían el recuerdo de su amor y de que al acabar la jornada dispondrían de todo el fin de semana para estar juntos y para poner en escena, representar y vivir con su pareja todo lo que Ana expresaba en sus poesías, todos esos anhelos, ilusiones, deseos o recuerdos siempre impregnados de amor y cariño.

Mientras se recreaba en la lectura de la poesía de ese día, agradecía mentalmente la existencia de Ana, la autora de esas reflexiones y poesías que de tal forma alegraba, sin ella saberlo, sus días y su vida y pensaba que de encontrarse a su lado en esos momentos la comería a besos y le expresaría cuánto la envidiaba por poder expresarse de esa manera tan admirable y crear tan bellas poesías y le desvelaría el secreto de cómo sus poesías habían servido a veces de acicate e incluso de guión de libre representación en algunas escenas románticas con su pareja, con su querido compañero al que pronto volvería a ver, al terminar la jornada.

Así es como las poesías de los viernes, junto con algunas otras publicaciones de otros blogs, ayudaban y ayudan  a esta y a otras personas a comenzar y encarar el fin de semana con otro ánimo, con una actitud positiva, alegre, animada y romántica y a ver la vida en general de colores alegres, mirando siempre el lado más alegre y positivo de las cosas y de las personas.

No dejéis de saborear vuestra ración de Viernes de poesía y comenzar a disfrutar del fin de semana que os deseo pleno de felicidad y provecho.

¡Cuidaos, vivid la vida intensamente y procurad ser muy felices!

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¿Y por qué no completar con un poco de música y una voz angelical?

 

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4 comentarios en “La poesía de los viernes.

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