Paseo por la lengua española.

Rememoro con frecuencia aquel paseo imborrable, aquella primera vez en que me invitaste a visitar una biblioteca, visita que repetimos una y otra vez; ¿recuerdas aquella primera vez?

Entramos agarrados de la mano, tu me ibas mostrando todos aquellos maravillosos lugares que yo observaba embobado, con nombres variopintos y distribuidos en espacios por similitudes: lengua y literatura, historia, filosofía, novelas de aventuras, de ciencia ficción, otros sobre religiones, etc. etc.

Pero, me dijiste, vamos a comenzar un paseo por un espacio muy especial que hará que entiendas mejor todos los demás y tras recorrer largos paseos exclamaste: ¡aquí está!  y tomándome de la mano me hiciste entrar en aquel extraño para mi pero maravilloso espacio en cuya entrada, con letras de oro se leía “Lengua castellana o española”.

Era como un inmenso jardín formado por floridas palabras, algunas ya conocidas, otras cuyo significado fui comprendiendo poco a poco con tu ayuda y asesoramiento. Yo no me atrevía casi a tocarlas pero tú dijiste que no había que temerlas, que para conocerlas había que tomarlas, manejarlas, jugar con ellas, entre ellas, en ellas.

Escogimos algunos verbos, sin ellos poco se puede hacer, dijiste, algunos de los más cercanos, abrazar, acariciar, amar, besar, de momento suficientes para comenzar a saborearlos, practicarlos, asumirlos como algo natural y propio.

Tras practicar un rato con los abrazos, acción de abrazar, pensamos que sería bueno añadir el segundo, besar, pero en ese momento se cruzó una conjunción disyuntiva, “o” que nos impedía disfrutar de ambas cosas a la vez, por lo que la hicimos rodar y la sustituimos por otra más bonita y comprensiva “y”, llamada copulativa.

Así pudimos practicar juntamente abrazar y besar, abrazos con besos, cosa que me encantaba, cada vez me gustaba más, por lo que probamos a añadir otra más: acariciar, con lo que las sensaciones y agrado iban en aumento, más todavía cuando de pronto hizo aparición una nueva palabra, “anatomía” que nos invitó a conocerla y recorrerla junto con los abrazos besos y caricias.

Nos despojamos de ropas y reparos y recorrimos mutuamente nuestra anatomía, abrazándola y llenándola de besos y caricias de arriba a abajo y en toda dirección, una y otra vez para aprenderla muy bien, cada rincón, sin olvidar ninguno de ellos.

Con tanto paseo y movimiento fuimos conociendo muchas otras palabras que se nos cruzaban y enlazaban, como sentimientos, sensaciones, emoción, amor… Incluso preposiciones y adverbios se iban mezclando y participando en el juego: bien, encima, debajo, ahí, ahora… hasta que también las interjecciones y signos de admiración intervinieron en el juego: ¡oh!, ¡Sí!, ¡ahí, si!, todas bailaban a la vez, arriba, abajo, besos, caricias, adentro, afuera, empujar, ¡oh!, ¡Qué bien!, ¡Delicioso!, ¡Ah!, ¡Oh!, ¡Si, sí!, ¡ahhhhhh!

Con tanta interjección, adverbios, signos de admiración, caímos sobre una bonita palabra que aunque la veía por primera vez enseguida la comprendí y acepté gustosamente, éxtasis se llamaba y sobre ella y con ella conocimos el significado de otras muchas: pasión, séptimo cielo, orgasmo, eyaculación y muchas más que sería largo de enumerar.

Perdimos la noción del tiempo envueltos en aquel éxtasis, disfrutando de placer, sentimientos, sensaciones, deseo, amor, pasión, quedándonos al fin con unas pocas palabras: abrazo, cariño, anatomía, besos, agradecimiento, tumbados sobre otras agradables como descanso, relax, satisfacción…

Al rato recuperamos alguna otra como sentidos, noción del tiempo, ropa, hambre, por lo que ordenamos todas aquellas palabras y dimos por concluída aquella para mí primera lección de lengua española.

Ni que decir tiene que tras aquella primera lección vinieron muchas más ampliando nuestros conocimientos mutuos, cada una más placentera que la anterior pues es bien sabido que la lectura crea adicción, que un capítulo llama al siguiente y así sucesivamente, si el tema es atractivo como así sucedía.

Aprendimos a combinar palabras creando sensaciones más profundas y placenteras, a recrear bellas escenas en forma de poesía, sencillas en sus comienzos, mejorando poco a poco y aún seguimos en la tarea de perfeccionar las formas y el estilo.

–ooOoo–

Os recomiendo que vayáis conociendo a fondo esta lengua, cuidando sus formas, tratándola con el cariño y respeto que merece, procurando dejar cada coma, cada punto, cada letra en su lugar correcto; seguro que os resultará placentero, no os defraudará y todos los que la amamos os agradeceremos que así lo hagáis.

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43 comentarios en “Paseo por la lengua española.

  1. El recuerdo más claro y más destacado de mi infancia es precisamente eso…la biblioteca de mi colegio. Recuerdo el primér libro que leí de esta biblioteca y su contenido hasta ahora. Y no recuerdo lo que he leido hace poco. Tengo un relato de ello, de mi biblioteca. En aprender y cuidar la lengua española…tanto me queda, así que no es la mía. Corrijo, pienso, uso los diccionários, sufro mucho por los errores cometidos.

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