Cuando el grajo vuela bajo…

 

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Dos reflexiones ante el frío recién llegado:

La primera con mi mala idea más perversa, metiéndome con quien sé que no se va a defender sino con dulzura. Sobre un comentario de la duendecilla, que abrigó a su hijo para ir al cole pero se olvidó de hacerlo ella.

Siempre había oído esta definición de abrigo (infantil): “es lo que las madres obligan a poner a sus hijos cuando ellas tienen frío” pero al parecer la duendecilla es diferente incluso en esto. ¡Jajaja! (Con cariño)

La otra cuestión es sobre los refranes sobre el frío, hay uno muy curioso que dice: cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo y si vuela a trompicones hace un frío de c@jones.

Aunque hoy, con la lluvia horizontal y el paraguas en la misma posición, difícilmente se veía cómo volaban los grajos ni siquiera si volaban. Pero tranquilas, llegará el momento de aplicar este otro: cuando el grajo sube, en el cielo ni una nube.

Curiosamente, buscando ese refrán, me he topado con una maravillosa receta para días de frío, o al menos eso dice, en el blog  Rojillo.com

Si alguien se anima a hacerlo siguiendo la receta al pie de la letra, que es como está más rico, que avise y por supuesto que invite.

Os dejo con la laboriosa receta; disfrutad del fin de semana y del frío o a pesar de él.

¡OÍDO COCINA, CUATRO DE HELADO DE CHOCOLATE!
¡Al mal tiempo, buena cara! Estos días tan fríos, en Bar Marcón regalamos el exquisito postre de la casa consistente en un enorme ¡HELADO DE CHOCOLATE! Para cuatro clientes calientes y golosos hacen falta: un vaso y medio de leche de vaca gallega ordeñada por una ganadera con manos sensibles y bien cuidadas; una ramita de vainilla fresca de la Isla de la Martinica; un huevo y parte del otro; dos yemas de huevos caseros de gallinas ponedoras por voluntad propia; 100 o 102 gramos de azúcar cubano de contrabando; un vaso y medio de nata líquida obtenida de leche cántabra, concretamente de Torrelavega; dos cucharadas de cacao en polvo, con perdón. La elaboración lleva unas 4 horas o media jornada: verter la leche y la vainilla en un cazo; buscar un cocinero que sea un cazo; llevar a cocción, a la leche; llevar al cirujano plástico, al cocinero; esperar a que hierva; fumar hierba; no dejar hervir; despistar; retirar del fuego; retirarse antes de que Zapatero diga que hay que esperar hasta los 67 años; dejar reposar 15 minutos; reposar un cuarto de hora; retirar la vainilla; batir los huevos sin producir dolor ni ruido; añadir las yemas y el azúcar; seguir batiendo o removiendo hasta que se haga una mezcla homogénea; probar la mezcla con un dedo limpio; añadir la mezcla a la leche sin que se entere; remover todo para conseguir una crema uniforme; limpiar las manos en el uniforme; cocer esa crema al baño María; bañar a María; remover a la vez que está al baño hasta que quede espesa, la crema, no María; retirar del fuego, gritando ¡FUERA DEL FUEGO, FUERA DEL FUEGO!; tapar la crema con un film transparente como la Administración; dejar enfriar, que para eso es un helado; batir la mata líquida aparte, para que se sienta marginada; montar la nata disimulando, ya que es una práctica no admitida por la Iglesia; cuando la nata esté al punto, o sea, casi en el clímax, agregar la mezcla fría, para bajarle la libido; probar el polvo de cacao, que, como todo polvo, resulta placentero; mezclar en otra habitación, vivienda o barrio, el cacao con agua hirviendo; dejar enfriar, que para eso es un helado; añadir la pasta de cacao a la mezcla que ya no recuerdo; remover hasta que quede uniforme; limpiarse en el uniforme; poner la nueva mezcla en un molde; meter en el congelador durante una hora; fumar hierba durante una hora o leer el ABC; poner el despertador para que no se pase la hora; sacar del congelador; volver a batir a ritmo de canción del verano; volver a tapar; volver a meter en el congelador dos horas más; poner el despertador para que no se pasen las dos horas; tomar bebidas calientes durante esas dos horas (carajillos, consomés…); servir el helado bien, pero bien frío; tomarlo sin respirar.

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36 comentarios en “Cuando el grajo vuela bajo…

  1. lostalleresdenatalia

    Señoría, se me permite hacer un alegato a mi favor?: Salíamos los dos de casa; yo no sabía que las temperaturas habían bajado 12º de golpe. Mi hijo me dijo: “Qué frío tengo, mamá”. Yo entré volando a coger su abrigo pero me olvidé del mío.
    Y añado que yo no soy de los que pone a los niños como si fueran astronautas; la temperatura corporal de los niños es autónoma y yo le respeto…..si tiene frío, ya lo dirá él.
    Y así finalizo mi alegato, Señoría.
    Y me tomaré un helado de chocolate y lo que haga falta. Un beso enorme!!!!!!!!

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          1. lostalleresdenatalia

            Oye, que como os prometí a Ana y a ti, he publicado mis pelucas emocionales. Ve a mi entrada antes de que me arrepienta porque me está dando una risa floja entre vergüenza y locura……

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          1. Érase una vez una linda pintora con un gran corazon que al llegar el frío se dedicó a terminar su cabaña en el bosque para que los pobres animalitos tuviesen un refugio.
            Agradecidos, al llegar la primavera, todos los días, los pájaros cantores se posaban en su balcón para despertarla con sus más sonoros y hermosos trinos, incluso alguno más atrevido se posaba en su almohada para deleitarla con música celestial y le acariciaba dulcemente con sus alas.

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          2. Luego la acompañaban en su paseo por el bosque hasta su preciosa casita y lo que allí sucedía…
            No me lo han contado, así que todo puede ser, imagino lo mejor pero habrá que esperar a que el petirrojo se decida a revelármelo.

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          3. Pues en la cabaña moraba un apuesto señor de avanzada edad y gran talento para las letras. Como la pintora tenía tan buen corazón le visitaba cada día, limpiaba, cocinaba y a cambio el le contaba preciosas historias de su niñez o le recitaba poemas de amor.
            Fueron felices y comieron perdices!!!

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          4. El príncipe era un gilipollas que solo pensaba en participar en torneos y ganarlos y se presentaba con sus aires de suficiencia ante la bella pintora y le decia:
            -Cásate conmigo y dejarás de pintar la mona y de fregarle al viejo de la casa que es un huraño y no tiene donde caerse muerto.
            Entonces la princesa se convirtió en hechicera, envenenó un pollo de corral y se lo ofreció al apuesto aunque gilipollas príncipe.
            Y fuero felices otra vez

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  2. Como cocinero debo de reconocer que la receta es sencilla, menos mal que no es una decostrucción de helado de chocolate con leche de pulga ibérica y espuma de babosa del pirineo. Entonces mejor leer Shakespeare en sánscrito haciendo abdominales con una vaca encima, vamos, sencillito… o en su defecto un suizo bien calentito!
    Jajajajaja
    Muy bueno!

    Abrazos cálidos para tod@s

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