A veces

A veces…

Se esconde el sol y llega la tormenta.

A veces…

los sueños se convierten en pesadillas.

A veces…

despiertas y te han abandonado.

A veces…

las risas se tornan lloros.

A veces…

algo que creías granito y acero

descubres que es paja y humo.

A veces…

sientes la vida más oscura.

Pero solo a veces

porque algo nacerá entre la paja y el humo

porque volverá a sonreir y a reir la vida

porque volverá la luz a iluminar todo

porque saldrá el sol y cantarán los pájaros

porque volverán y se cumplirán los sueños

A veces… 

siempre…

la vida continúa

y es bella

y te sonríe

y te llama

a voces.

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7 comentarios en “A veces

  1. lamariposavioleta

    Muchas Gracias por compartir este poema.

    A partir de la lectura de ciertos versos, procuraré expresar lo que evocaron en mí, en la profundidad de mi propia alma al leerlos.

    Lo que enunciaré hoy aquí es mi propia verdad personal, solo mía, a nadie trataré de convencer o imponerla como única sino como verdad propia. Su veracidad es solamente para mí porque nace de mi propia experiencia personal.

    Los únicos sueños que se pueden tornar en pesadillas, son aquellos que no se conciben desde la responsabilidad, desde la más plena libertad, conciencia y respeto por el otro.

    Son aquellos sueños que se conciben desde la mentira, desde la omisión que desquicia, que enloquece por dentro, que nos instan a traicionar a nuestros propios valores, que nos invitan a dejar de ser nosotros mismos y transformarnos en lo que no somos, para complacer al otro, en su heterogeneidad de criterios, de creencias, de conductas, de intenciones, de deseos, de sentimientos, de pensamientos, de emociones, de escala personal de valores.

    No son aquellos sueños que se conciben desde la verdad por más dolorosa que se presente o se manifieste, porque esa verdad, produce paz al alma porque el alma puede llegar a comprender, sin juzgar, porque puede ayudar a liberar, a perdonar, a sanar, a transformar, en definitiva a amar, no importando el color, la vibración.

    Aquellos sueños son los que se conciben desde el silencio no desde aquellos que se enuncian a viva voz, en forma transparente y sincera, honesta, sin especulación, sin ánimo de conquistarlos por la fuerza, ni la presión, ni la astucia, sino de materializarlos mágica, simple y naturalmente.

    Me refiero a esos sueños que se divorcian de esos otros pesadillezcos, porque inspiran confianza y paz, felicidad, generan más luz y plenitud, porque se conciben en la misma luz, a plena luz del día, dentro del propio cielo interior.

    Los únicos sueños que se pueden trasformar en dantescos y pesadillezcos, me refiero a los que producen dolor y tristeza profunda al alma son los sueños que no se han basado en el respeto, en la responsabilidad, en el derecho del otro a saber la verdad completa, los que no fueron encorsetados ni enmascarados, ni fueron concebidos desde la valentía, sino que han sido engendrados desde el temor y la duda, son los que no contemplaron el daño que podían producir a terceros y a los que los protagonizaron en sí mismos, sin querer o a plena conciencia.

    Solo aquellos sueños tienen la capacidad de lastimar el corazón y transformarse en pasadillas. A mí me lo hicieron añicos y tuve que juntar uno a uno esos pedacitos, en soledad, en tristeza extrema, en silencio para aunarlos con amor de mi parte.

    Yo tuve un sueño maravilloso, uno verdaderamente mágico y precioso que alimenté con dedicación y toneladas de amor y tiempo que deposité de mi parte.

    La traición, la infidelidad, la especulación, la deslealtad, el silencio, el misterio, la oscuridad me lo hicieron transformar en pesadilla, en dolor puro del alma y del corazón.

    No obstante, percibí que no había mala intención al haber dañado tanto mi alma, y perdoné, también, pedí perdón porque yo también había dañado, sin querer.

    La Ley de causa y efecto se había manifestado para evidenciar su poder, la fuerza y potestad generada por ella, la falta de responsabilidad, la infidelidad, la falta de conciencia.

    No obstante, a pesar del dolor, procuré transformar ese dolor, esa profunda tristeza y desencanto nuevamente en dicha, felicidad y paz alimentando lazos de fraternidad, de amistad verdadera, no me refiero a una amistad actuada y falsa, con veladas intencionalidades. Estimulé su crecimiento, profundizando sus raíces, su lealtad, su fidelidad, procurando hacer magia blanca desde ese lugar sagrado y no desde otro lugar que no fuera ese.

    Me propuse hacer alquimia en silencio, en la distancia.

    Conservé y custodié unas semillas sagradas que había sembrado como parte de mi sueño maravilloso y comencé a regarlas nuevamente pero esta vez con el llanto de mis propias lágrimas que manifestaban mi propio dolor.

    ¿Para qué? ¿Con qué propósito?

    Para que luego mi deseo y noble intención, lo pisotearan, lo tiraran a la basura, le faltaran el respeto, lo denigraran, desvalorizándolo en su mágico propósito, para que lo profanaran en su intención pura, blanca, sagrada.

    No estaba haciendo magia blanca para mí, no estaba anhelando ni deseando mi propia felicidad ni mi propia paz. No.

    Pero no conformándose con haberme lastimado profundamente mi alma y corazón ya una vez, sin darse cuenta, lo volvieron a hacer por segunda vez.

    En la primera vez, hastiándome de misterio y silencio excesivo, verdaderamente incompresible para mí, inexplicable para mí porque ese misterio y ocultamiento sistemático y prolongado, terminó desquiciando mi psiquis, confundiéndola demencial y siniestramente, desequilibrando mi mente, descentrándome de mis labores, ofreciéndome, insinuándome de múltiples maneras, desde mi propia visión limitada y confusa, con algunos raptos o ráfagas de cierta lucidez y certeza, un triste y denigrante lugar de segundona, de segunda categoría, de una amante casual y efímera que debe ser escondida en la mas absoluta clandestinidad para que se involucrara sentimentalmente con un hombre casado, con un hombre que está en pareja. Me lo insinuaron una y otra vez ornamentando las palabras, maquillándolas con palabras bellísimas, un vínculo romántico amoroso, en secreto.

    No siendo suficiente el dolor primero, volvieron a lastimarme nuevamente, esta vez tampoco creo que con mala intención pero lo hicieron. ¿Cómo? Denigrando y mancillando por segunda vez a mi alma, a la pureza y profundidad de un sueño sagrado, de semillas sagradas que deseaban solamente cristalizar mágicamente la sonrisa y felicidad pura e inocente del alma de un niño al re-encontrarse finalmente con su amado padre y viceversa.

    La verdad no sé si el testimonio de mi propia experiencia que he narrado cómo un sueño maravilloso puede transformarse en dantesco, en pesadilla, se puede publicar pertinentemente, que sea apropiado de ser publicado, hoy aquí.

    Lo dejo a tu entero criterio como administradora de tu blog, Amalaidea.

    Si pudiera hilvanar las letras poéticamente, hubiera hecho un poema con su contenido, y tal vez, podría ayudar con mis letras metafóricas a algún alma para que no experimente el dolor que yo vivencié, al ver como un sueño de lo más maravilloso puede tornarse en la pesadilla más dolorosa para el alma, cuando daña muy a su pesar, sin intención de hacerlo, sin darse cuenta.

    Pat

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  2. Pingback: A veces | The Game of Books

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