Cuando desearías odiar, quiere con más fuerza.

“Quiéreme más cuando menos lo merezca,

¡será cuando más lo necesite!”

Una frase fácil de aprender, fácil de comprender pero qué difícil de recordar en los malos momentos y sobre todo qué difícil de practicar cuando somos nosotras las perjudicadas, las ofendidas (las víctimas, desde nuestro punto de vista), las que tenemos derecho en ese momento a sentir odio, deseo de venganza, desprecio… hacia quien nos ha ofendido.

Imagino que como a mí os habrá pasado alguna vez que en un mal momento hemos dado una mala contestación y recibido otra parecida y luego hemos pensado “si supiera cómo me encuentro comprendería mi mal humor” pero cuando la situación ha sido la inversa, ¿hemos comprendido su situación?

Qué difícil resulta en esos momentos pararse a pensar que la otra persona, culpable de nuestro enojo por su actitud, su silencio, sus palabras fuera de tono o sus actos, está precisamente en ese momento más necesitada de cariño, de comprensión, de consuelo, de compañía…

Ni tan siquiera somos capaces, lo digo por propia experiencia, de contenernos sin dar una mala réplica y contestar en el mismo tono desabrido en el que nos han hablado.

Cuánto menos capaces somos en esos momentos de ponernos en su lugar, de pensar qué motivos tiene para actuar así, motivos ajenos a nosotras, pues mucho menos pensamos que nosotras hemos podido contribuir también un poco a crear esa  situación.

Y si no somos capaces de lo anterior, cómo vamos a ser capaces de pensar que, al margen de quién es más culpable, en esos momentos necesita mucho más de nuestro cariño y siendo nosotras quienes lo sabemos, debemos cambiar nuestras ganas de malas contestaciones, desprecio o venganza por buenas palabras y más cariño todavía, tratando de comprender o aun no comprendiendo su situación, estar a su lado dándole lo que más necesita sin miedo a pasar por tontas o idiotas  por hacerlo así; recordad que “ser buena no es ser idiota aunque haya idiotas que lo confundan”.

Cuánto mejor nos resultaría la vida si somos capaces de hacerlo, o al menos de intentarlo, con nuestras parejas, compañeras, amistades etc.

Me comprometo desde este momento al menos a intentarlo y os animo también a todas a hacer esta gimnasia mental para que llegado el momento podamos recordar esta máxima y actuar en consecuencia.

Si todas aportamos un granito podemos formar una montaña, podemos hacer que las relaciones humanas sean un poco mejores, al menos que no sea por no intentarlo.

Un abrazo cariñoso para todas, dos para quien lo intente. (quien lo consiga creo que puede repartirnos cariño y abrazos para todas.)

–ooOoo–

Quisiera hacer una aclaración: creo que esto se puede aplicar en “casi” todas las situaciones pues en caso de maltrato serio, físico o psicológico, lo que debemos hacer cuanto antes es recabar ayuda profesional y no ocultarlo ni tragárnoslo pues eso sólo puede conducir a consecuencias mucho más graves.

En España el servicio telefónico de ayuda en caso de maltrato es el 016, gratuito y que no deja rastro ni figura en la factura telefónica.

Me gustaría saber los servicios similares que hay en otros países de habla hispana, ya que hay algunas personas  de esos países que siguen este blog,  para poder ponerlo aquí visible y que pueda servir en esos casos tan delicados.

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